Vuelta al Mundo

Mexicano cuenta la humillación que sufrió en Francia por ser foráneo

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FRÍA MAÑANA
Nunca había sentido tanto frío como aquella mañana, al hacer la fila en la préfecture (prefectura) para regularizar mi situación migratoria como estudiante en Francia. Tenía la cara paralizada y no podía articular ni una frase. Un chico argelino me preguntó algo pero no le pude responder. Mi boca estaba trabada. Pensé que era el idioma francés porque a veces, al intentar hablar en un idioma que no es el mío, no puedo hablar fluidamente. Pero después una chica venezolana me preguntó algo en español y yo tartamudeaba para hablar.
A ella le dio un poco de risa, yo intenté relajarme y responder de la manera más breve. Al final lo conseguí, pero me di cuenta que el frío era exagerado. La prefectura es una institución del Estado francés que da los permisos para estancias más largas que las de un simple turista. Todo extranjero que estudie o trabaje en Francia está obligado a pasar por sus puertas para regularizar su situación. Según cifras del Ministerio del Interior de Francia, en 2017 se emitieron 262 mil titres de séjour (o permisos de estancia) de los cuales 90 mil fueron emitidos por motivos familiares y 88 mil para estudiantes. ¿Cómo funciona este proceso? Normalmente uno tiene una visa que consiguió en su país de origen, luego esta tiene que ser validada por la prefectura.
Hay que pagar una suma y se renueva periódicamente. Cada caso es distinto, dependiendo del país de origen y lo que uno venga a hacer a Francia. Lee: Gracias al trabajo de una estudiante del MIT, se pudo tomar la primera imagen de un hoyo negro De acuerdo con la embajada de Francia en México, entre 2015 y 2016 hubo 3 mil estudiantes mexicanos en el país galo. Con este dato, Francia es el tercer destino más concurrido para realizar estudios por parte de los mexicanos, después de España y de Estados Unidos.
Pero la fila de la prefectura de Ciudad Universitaria en París es inhumana. De manera informal obligan a los extranjeros a hacer cola desde temprano. Se advierte que sólo pasarán 10 personas sin cita y que, si sobra tiempo, habrá una segunda ronda con otras 10 personas. Hay citas de aquí a 3 meses, por lo mismo, la fila sin citas puede llegar a ser de al menos 50 personas por día. Yo estaba formado a las 6:40 am. Una mañana parisina de enero, uno de los periodos más fríos del año y ya era el noveno en estar formado.
La competencia para llegar a esa hora es evidente, pues las oficinas abren oficialmente a las 8:35 am. Por fortuna me pude levantar temprano, pues tenía tres días de haber llegado de México, y seguía cargando el famoso jetlag. Ese día realicé mi trámite en 11 horas. Es más del tiempo de un vuelo directo de Francia a México. Las primeras cuatro horas las pasé afuera, sin un techo, sin calefacción. Uno pensaría que entre más se hace tarde, la temperatura aumenta; pues no. Veía mi teléfono cada 15 minutos y no para ver la hora, sino para ver si subía la temperatura.
Para mi desgracia, no subió en ningún momento. Google siempre me indicó que estaba en 3 grados centígrados. Los pies son los que más sufren. Se quedan sin sangre y empiezan a doler. Por eso la gente busca moverse dentro de su rango de acción. Algunos dan pequeños brincos, otros hacen sentadillas. Es una prueba de resistencia. Muchos se cansan y se van; otros se ven obligados a irse porque tienen que ir a sus trabajos o a cuidar a niños, o combinar ambas actividades. Te puede interesar: Estudiantes mexicanas ganan 3 medallas y una mención en Olimpiada Europea Femenil de Matemáticas La gente ahí se estresa, se pelean lugares, se cuentan sus experiencias previas.
Hay personas que narran que es su tercer día seguido sin poder solucionar su problema. Dicen que de eso depende su trabajo, sus estudios, que sus bebés los puedan visitar, que ellos puedan salir del país y una infinidad de razones desgarradoras que ponen aun más frío el corazón. Ya las condiciones son difíciles, y a esto se suma una prepotencia por parte del personal que labora ahí. Si uno se pone en su lugar, no debe ser un trabajo fácil tener que gestionar todos los días tantísimas solicitudes, cada una de una importancia vital. Se requiere de mano dura, saber decir no, poner límites y mantener el orden ante la desesperación de los solicitantes.
FRANCÉS EN FRANCIA
Pero son los burócratas quienes hacen su trabajo en un sistema totalmente rebasado por la demanda. La burla es el vehículo de violencia más sutil pero certero de los funcionarios públicos. Hay un humor negro y agresivo. Se burlan de los que no hablan bien francés. He escuchado más de una vez, en las diferentes prefecturas a las que he ido, una frase vomitiva. “Ici c’est la France, il faut parler Français” (Aquí estamos en Francia, hay que hablar francés).
No es una obligación legal ni implícita para venir a hacer los estudios o trabajar. Hay maestrías y puestos de trabajo diseñados en inglés o en otros idiomas por los mismos franceses. Hay miles de motivos para estar en Francia (como el asilo político de las víctimas de países en guerra como Siria) y no por ello hay una urgencia por hablar el francés, un idioma por demás complicado. Pues bien, la burla es una forma de anular a quien decide denunciar ese sistema ineficiente. Si alguien se queja porque abrieron la oficina 20 minutos tarde, si alguien pide que nos dejen pasar al calor o solicita que dejen pasar a más de 10 a la vez, la respuesta se vuelca al humor.
El personal se ríe de su petición, de su acento o de lo “ilógico” de sus preguntas con respuestas como “¿Qué?, ¿acaso usted es la policía?” o “¿Usted está hablando francés? Porque no le entiendo”. El tono es lo que cuenta. Lo hacen de una manera que dé risa. Con las miradas y desde una posición cómoda hacen cómplices a los demás chicos que están en la fila. Siempre, después de una broma hiriente, buscan la mirada de los otros, como diciendo, “estoy jugando”. Y uno cae en el juego sin darse cuenta. Se ríe porque no busca problemas, porque quiere avanzar. ¿De qué se trata ese imán para reírse de la desgracia ajena y de la injusticia? ¿Cómo es que con los ojos nos hacen cómplices de humillaciones? Hay una jerarquía que no permite poner límites desde el lado del solicitante.
ENTRE BROMA Y BROMA
Y es que el humor no puede ser denunciado. Esa es su fuerza. La gente no está hablando en serio, aunque lo esté haciendo. En nombre de una broma, se le puede decir negro a un negro. Se le puede decir guapa a una chica (o invitarle un café) o se puede hacer menos a una persona por sus orígenes. ¡Vaya! que es una oficina para tratar única y exclusivamente a los extranjeros. ¡Qué paradoja! Y tampoco es que sean incapaces o sólo hablen un idioma, algunos de ellos también hablan inglés.
Pero no les gusta, no hacen el esfuerzo. Sólo cuando se cansan, cuando ven que las cosas no avanzan hablan en inglés. Es un trabajo desgastante para ellos, pero limpian su imagen y se dan baños de alma. Por ejemplo, a veces, cuando ven a gente empapada en lágrimas, desesperada por las horas en la fila, por el mal trato o frustrada por no poder comunicarse y con una condición legal difícil, entonces es cuando se movilizan. Así, desde el oficial de la entrada hasta el personal en el escritorio reaccionan y solucionan las peticiones. Quedan como héroes ante el resto; el público que observa.
BUENAS PERSONAS
Y entonces hablan en serio “Me gusta ayudar”, dicen. Demostrando que entonces solucionar depende más de la voluntad que de su sistema. Pero no siempre hay esa voluntad y ese sistema está congelado. En año y medio en Francia, es la cuarta vez que me toca hacer este recorrido. Me toca ver los mismos patrones de burla en las oficinas de París que en las que están afuera, como en L’Häy-les-Roses. Y siguen sin solucionarme un trámite que debió haber quedado listo en los primeros 3 meses de mi estancia.

Alguna vez vi cómo arrestaban a una mujer que quería entrar a Francia desde Alemania, sometida en el suelo con esposas por no tener sus papeles en regla. Iba acompañada de sus dos hijos menores de edad. Ella argumentaba que la prefectura le había perdido sus papeles. Sólo espero que nunca en mi vida vuelva a ver una escena como esa, ni propia ni ajena.

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Fuente: https://newsweekespanol.com/2019/04/cronica-estudiante-mexicano-francia/?fbclid=IwAR2YLm446nidaAAfSAnCkAb61OsRj9EWp-zb-zefsaMEK1RwFo8g0ynKwMQ
Publicado por: Daniel Berdejo Migranas

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