Por: Murilo Kuschick

El eminente sociólogo polaco, Zigmund Bauman, ya había señalado con su concepto de modernidad líquida -a partir de la idea que planteó Marx de que todo lo sólido se está deshaciendo– así también la idea de los estrategas alemanes de la guerra, que planteaban que las estrategias  funcionan hasta que tienen que ponerse en marcha, y ahí comienzan los problemas y la necesidad de reemplazarlas

El gobierno de López Obrador había generado ya su estrategia hasta que los eventos de la impredecible realidad le plantearon una disyuntiva, ¿o cambiamos los planes y los ajustamos a la realidad, o pensamos que la realidad se ajuste a los planes? una visión que, pese a su aparente irracionalidad, usualmente aplicamos en el ámbito de nuestra acción, es decir, nuestra baja probabilidad para modificar fórmulas, modelos, o teorías de lo que pensamos que debe funcionar, y así pensamos que la realidad que ha dado un vuelco regresará a su curso normal, si es que existe esa normalidad a la que estamos acostumbrados.

El SarsCovid-19 definitivamente ha cambiado la realidad y nuestra cotidianeidad, y esto ha significado intentar establecer otra y esperar el regreso de aquella que se fue aun cuando no sepamos exactamente si regresará.

Así como la niñez, la adolescencia, la madurez, y la vida misma, esta se nos va entre las manos y algún día despertamos y todo ha cambiado. Así nos está pasando ahora, la necesidad de adaptarnos en condiciones darwinianas a una situación que nos ha obligado al confinamiento es algo que ya habíamos advertido por los cambios en los ámbitos de la vida cotidiana y de la comunicación, y de la dependencia con las redes sociales y esta nueva forma de ver la realidad que cada día que pasa se transforma sino en más líquida, si en un ámbito etéreo que es la comunicación virtual y todo ha de condensarse en una pantalla de televisor, laptop o teléfono inteligente.

Si cada vez dependemos más de estos medios para conocer lo que sucede, nos encontramos tanto en México como en el mundo ante la falta de transparencia, la simulación y los intentos por modificar mediante palabras e imágenes la realidad, ya nos había dicho el filósofo  J.L. Austin en su famoso libro Cómo hacer cosas con palabras, lo que significa cambiar y modificar la realidad sólo y únicamente con palabras, frases y oraciones. 

Así que mediante la simulación y la apariencia el poder intenta maquillar las cifras, disminuir y suavizar los golpes. Y así pudiéramos comenzar con decir que los muertos de Tlatelolco no fueron los que se dicen que fueron, y qué aún no sabemos quiénes son los responsables (oficialmente).

Tampoco podemos decir lo mismo con respecto a la matanza del jueves de Corpus Cristhi, de 1971. Quién mandó a la Halcones, cuál es la cifra exacta de muertos en el terremoto de 1985, quién mató a Luis Donaldo Colosio, cuál es la verdad con respecto a los 43 estudiantes muertos en Ayotzinapa, (los cuáles aún son buscados por sus familiares), así como las centenas y miles de personas desaparecidas en la guerra en contra del narcotráfico.

Algo similar está sucediendo con las cifras de los contagiados y de los muertos en la pandemia del coronavirus, es decir, frente a los triunfalismos del vocero y del propio  presidente, que plantea que la crisis se acerca a su fin y que México tiene, obviamente una cantidad de infectados y de muertos menores que otros países del mundo, esto significa que vamos ganando.

De tal suerte que el gobierno de la 4T que buscaba ser la gran transformación con respecto a otras experiencias políticas día con día decepciona no sólo con la falta de una estrategia para enfrentar la contingencia, sino que buscan dar a la población la famosa fórmula del atole con el dedo y lo más frustrante es  la ausencia de novedad; podemos decir que una de las características de la modernidad y de la propia victoria del candidato más votado en la historia contemporánea de México fue su supuesto proyecto y la modalidad de acercamiento a los problemas y los grupos más vulnerables del país. 

Empero, al enfrentar a la crisis tanto de la pandemia, como la fórmula utilizada, esta fue la de menospreciar y plantear que no era lo que finalmente fue, y que la crisis tanto de salud pública y la económica que se avecinaba era pasajera y que luego regresaríamos a la normalidad.

Lo que se ve es que la pandemia sigue, y por más intentos que se ha buscado para disminuir sus efectos ésta sigue terca entre nosotros.

Por otro lado, la crisis económica y la receta que se buscó para revertirla que ha sido intentar proteger a los más pobres, como si la economía y la sociedad sólo estuviera compuesta por una sóla clase social, y  que la mejor solución es mantener la ortodoxia económica y ser más papistas que el papa.

Si bien México no es los Estados Unidos de América que puede echar a andar la maquinita de la producción de billetes o hacer uso del crédito y del endeudamiento, y si el presidente es contrario a un nuevo FOBAPROA en donde las deudas privadas se convirtieron en públicas, es muy claro que no se puede pensar que si  sólo se dan apoyos a las familias más pobres y a los negocios que surten y en donde adquieren sus productos, habría que advertir que las misceláneas, las tiendita de la esquina no produce los bienes que vende y si bien las grandes empresas tienen capacidad para resistir la crisis; también es cierto que antes de la epidemia la economía ya se encontraba en recesión y que no iba a crecer pese al planteamiento que hace López Obrador que crecimiento no es desarrollo, pero es poco probable que pueda existir desarrollo sin crecimiento, y que para que aumente el ingreso de las personas, si bien es posible hacer uso, cómo lo está haciendo el Estado de intentos de redistribución de la riqueza social mediante los subsidios a la población más pobre es poco probable que se pueda repartir lo que no existe. 

Decía Marx que “la riqueza en la sociedad capitalista, se nos aparece como inmenso arsenal de mercancías y la mercancía como la forma elemental de esta riqueza” ( Marx K., El Capital, vol 1), podemos decir pues que si la producción de mercancías disminuye o desaparece, cada vez será menor la riqueza y mayor será su valor. Por lo tanto, aun cuando algunos grupos tengan dinero esto no necesariamente significa que puedan acceder a las mercancías, la moderna forma de la riqueza y por más que quisiéramos cambiarlas por palabras esto no siempre es posible.

 Profesor-Investigador, Departamento de Sociología, UAM Azcapotzalco, [email protected]

Todo lo sólido se evapora, parte I

 

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