Yadin Xolalpa | El GráficoAndrea AhedoValeria, de 11 años, pidió un juego de mesa a los Reyes Magos. Ese lo dejó en casa y salió con su papá, desde la colonia Guerrero, en su bicicleta nueva para dirigirse hacia el Monumento a la Revolución.Valeria y su papá Carlos dieron vueltas en la explanada. La nueva bicicleta era difícil de controlar, porque la anterior era más pequeña. Y en ésta, el asiento estaba flojo. Aun así, Valeria soportó los rayos del sol que le pegaban en la cara y a un lado de su padre, que también conducía una bicicleta, siguieron dando vueltas.A ella, los Reyes Magos le llevaron todo lo que pidió: su juego y el nuevo vehículo. Un día antes lanzó su carta al cielo, donde los Reyes la recibieron y la leyeron para llevarle todo a su casa.DE MADRUGADA. A Loghan, de 8 años, no le gustaron los patines que los Reyes Magos le trajeron. Se paró muy temprano, a las 4 de la mañana, para ir al baño, pero de reojo vio que los regalos ya estaban a un lado de el arbolito. A él le trajeron el par de patines, un carrito y un dron que cabe en sus manos. A su hermana, de 13 años, le llegaron unos patines rosas, pero a ella sí le gustaron. Toda la familia salió de su casa, que se ubica detrás de la iglesia de San Hipólito, rumbo al Monumento a la Revolución.Se pusieron los patines, él, ella y su papá, mientras su mamá les tomaba video con el celular. Loghan estrenó sus otros dos juguetes en casa, pero aún así los llevó a la explanada del Monumento. Mientras daba sus primeros pasos, otros niños dejaron a un lado sus bicicletas y patines del diablo, se quitaron los zapatos, para mojarse con el agua fría de la fuente.EN FAMILIA. Este año no muchos niños y niñas fueron con sus familias a este punto de la ciudad, tal vez porque los regalos de los Reyes son más para estar en casa, como ropa o videojuegos. Con sus patines puestos, Loghan tomó la mano de su papá cuando su hermana se adelantaba varios metros en la misma explanada, pero aún así no le gustaron; sólo duró unos cuantos minutos y después regresó con su mamá para quitárselos, cambiárselos por zapatos y agarrar su patineta azul. Con esa podía llegar más lejos en menos tiempo, y además ya sabía cómo usarla. Luego, Loghan volvió a guardar la patineta y tomó los controles de su nuevo carro con grandes llantas. Alrededor de ellos había más niños, sobre todo con bicicletas nuevas y uno que otro con espadas o con juegos que aún no abrían por la emoción de mojarse en la fuente.  leer más
Source: El Gráfico

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