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Para revitalizar la democracia

En Brasil, ¿cómo es posible que dos elecciones nacionales hayan concedido la victoria a un perfil político que se ha mostrado abiertamente a favor de la tortura y de la violación de los derechos humanos más fundamentales? ¿Cuáles son las condiciones que orillan a un grupo mayoritario de votantes a respaldar una corriente política que, con alta probabilidad, los menospreciará en la toma de decisiones, al haberse manifestado su candidato presidencial en contra de las mujeres, la gente de color, los pobres y los homosexuales?

Prácticamente cada declaración de Jair Messias Bolsonaro, ahora presidente electo de la República Federativa de Brasil, agravia al sistema social con el cual está construido ese país del cono sur. Sin duda, el éxito de su movimiento político es producto tanto de las promesas incumplidas por el Partido de los Trabajadores —en su momento liderado por Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff— como de la corrupción presente en cada una de las instancias del poder público y los partidos políticos brasileños. En la nación sudamericana la desconfianza social es de tal magnitud, que no hubo fuerza electoral moderada con posibilidades de triunfo en el proceso electoral.

Por otro lado, en Estados Unidos, la polarización sigue siendo el motor principal de la estrategia de movilización a favor de la política de Donald Trump. Tras el ataque a la sinagoga de la Congregación Árbol de la Vida, en la ciudad de Pittsburgh, donde murieron once creyentes, el portal electrónico de Excélsior dio cuenta ayer de que el presidente de Estados Unidos llamó deshonestos a los medios de comunicación y los culpó de alentar la división social al difundir “noticias falsas” que, según él, culpan a republicanos y conservadores por el odio presente desde hace años en la primera potencia mundial. Esto con el propósito de seguir minando su credibilidad ante las audiencias.

Lo cierto es que no sólo un grupo de la comunidad judía acusó al presidente Trump de promover los sentimientos nacionalistas blancos, sino, días atrás, Cesar Altieri Sayoc, el presunto culpable de mandar trece paquetes explosivos a políticos demócratas y celebridades opositoras al mandatario estadunidense —como al expresidente Barack Obama, la exsecretaria Hillary Clinton o el actor Robert de Niro—, en uno de sus últimos trabajos admitió ser “supremacista blanco” con deseos de “purificar a la sociedad”. De acuerdo con el mismo portal de Excélsior, incluso el abogado de Sayoc lo define como un individuo que “tiene al presidente Trump como figura paterna”.

Sean o no coincidencias, desde su campaña hasta su gestión al frente de la Casa Blanca, la estrategia política de Donald Trump ha sido la de explotar la polarización del estadunidense hacia su sistema institucional, con el fin de mantener vivo el respaldo de su base leal de votantes de cara a las elecciones intermedias de noviembre y su eventual reelección en 2020. La estrategia le ha rendido dividendos, pues, según el promedio de encuestas difundido por el sitio Real Clear Politics, 44% de los estadunidenses aprueba su desempeño al frente del gobierno de la Unión Americana. Respaldo social que observó un crecimiento en las últimas semanas y que ha impedido a los demócratas tejer un posicionamiento efectivo como fuerza opositora.

¿Cuáles son los contextos que dan viabilidad a movimientos políticos como los de Bolsonaro o Trump? Con base en sus hallazgos, la Encuesta Mundial de Valores propone que, mientras exista incertidumbre en la supervivencia de las personas, el anhelo de seguridad física y económica tiene prioridad sobre la democracia y las condiciones que promueven el alcance pleno de sus instituciones, como son la libertad de elección o la autonomía personal. Antes que la ola de desencanto siga germinando nuevas formas de autoritarismo alrededor del mundo, será necesario pensar, desde la sociedad, las nuevas formas de organización que nos permitan garantizar mayor certidumbre e igualdad entre los segmentos sociales, como antídoto al abuso y la polarización desde el poder público.

 

Militante del PAN

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Source: Excelsior

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