Pan y circo

 · mayo 21, 2017 1:34 pm

Hace unos días, el Presidente de Estados Unidos dijo que ningún político ha sido tratado más injustamente que él y, al menos en cierto modo, tiene razón.

Los absolutos como siempre o nunca, en sí mismos se anulan puesto que son falsos; no obstante, Donald Trump ha sido bestialmente linchado por una clase intelectual, políticamente correcta, que no comprende cómo un forastero de Washington pretende encabezar una de las baterías más profundas en, por lo menos, medio siglo. Plantea revisar tanto la formación de riqueza en su nación como hacer una introspección nacional al concentrarse en Make America Great Again.

Trump no cabe en los estándares de análisis tradicionales de un colectivo de expertos soberbios que viven retroalimentándose de lo que ellos consideran correcto, lo que irremisiblemente los aleja del pueblo al que pretenden interpretar desde mausoleos y torres de Babel sobre su soberbia.

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Como todo lo extraño es despreciado, tratan de meterlo en las etiquetas para poder explicarlo desde sus púlpitos de sabiduría. Aseguran admirar a G. K. Chesterton, Walt Whitman y Ernest Hemingway, pero hace mucho que se olvidaron del hombre común, ese que construye el corazón de Estados Unidos como lo plasma John Steinbeck en Las uvas de la ira.

En los parámetros de esas élites intelectuales no cabe un millonario que desde la década de los ochenta ya había considerado ser candidato a la Presidencia de la República. Un hombre popular no por sus discursos o la actitud cool-millenial tan de moda en políticos tradicionales como Barack Obama.

Trump es muy diferente a todo lo conocido por las corrientes dominantes de opinión, pero no resulta un
extraño para la gente de cuello azul. Los políticamente correctos no lo perdonan: lo persiguen más con deseos que con hechos. Recuerdan al senado de Roma que decía proteger al pueblo, cuando sólo veían por ellos, los usaban como describe perfectamente William Shakespeare en Coriolano, quizá una de las más acabadas descripciones de esta dicotomía.

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Desde que se postuló como aspirante a la candidatura del Partido Republicano no fue tomado con seriedad. La comentocracia llegó a decir que era un error y no fueron pocos los que incluso quisieron romper las formas democráticas para no dejarlo pasar. Fracasaron.

La siguiente fase fue la negación. Se aferraban a decir que no tenía posibilidades, que no llegaría. Leían encuestas como si fueran horóscopos o el espejo de Blanca Nieves en la película de Disney. Muy pocos fueron los que pudieron anticipar que había despertado la esperanza del vulgo, esos que son profundamente despreciados por los intelectuales.

La siguiente fase ha sido el odio. Se habla de niveles de popularidad como si fueran indicadores de capacidad para gobernar y no de algo tan irrelevante como la impresión de algunos consultados que, como se ha demostrado, tienen incentivos a contestar lo que espera el entrevistador y no necesariamente lo que piensa.

Existe una ilusión ampliamente difundida entre algunos sobre que Trump no terminará su gestión simple y sencillamente porque lo desprecian. Cualquier tema en su contra, por mínimo que sea, es magnificado por los altavoces de un odio irracional en contra del Presidente de Estados Unidos.

En estos momentos es muy difícil determinar cuál será el destino de las investigaciones sobre contactos indebidos entre el equipo de campaña de Trump con el gobierno de Rusia y las investigaciones del FBI. Sin embargo, cualquier análisis sensato tiene que sustentarse en hechos que van más allá de las filias y las fobias.

POST SCRIPTUM

Nicolás Maduro, arrinconado por la magnitud y persistencia de las manifestaciones de la sociedad venezolana repudiando su mal gobierno, recurrió al expediente barato de intentar hacerse víctima de una campaña internacional.

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Obviamente acusa al gobierno de Estados Unidos de tener metidas las manos en su país e insulta abiertamente al pueblo de México y, en particular, a su gobierno. Trata de esconder el fracaso de su administración culpando a los extranjeros, ignorando el dolor y la miseria que le ha causado a sus compatriotas.

Twitter: @kimarmengol

 

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