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En solitario

Elegir la propia máscara es el                            

  primer gesto voluntario humano. Y es solitario.

                                                                              Clarice Lispector

 

Uno es quién elige ser. Uno es el rostro, la palabra, el pensamiento, el sentimiento y la acción con la que se presenta ante sí mismo y ante los demás. Uno elige su grado de autenticidad y uno elige, también, su personalidad.

Es interesante cómo Karl Jung consideraba al yo y a la personalidad como la máscara que utilizamos para ser hacia el interior y hacia el exterior, para con uno mismo y para con los demás. Uno elige sus máscaras, el personaje y el rol que desea en su vida y en la vida de los demás, uno elige libremente quién es y quién desea llegar a ser.

Y pensaríamos que cada uno elige lo mejor de sí mismo, lo que admira del entorno y lo que necesita para acceder a sus aspiraciones, sin embargo, no siempre ocurre así, algunas veces se elige lo peor que existe en el interior y en el exterior, e incluso… se elige acceder a lo que nunca se deseó para sí mismo. Y los hay…

Los hay que dicen que son el resultado directamente proporcional de lo malo que les ha sucedido en la vida.

Que ahora son quienes son por esto, por aquello, por ésta o por aquél… tristemente, algunos van por ahí envalentonados justificando lo que son, quiénes son y lo que hacen como resultado de lo que, en realidad, no han podido superar; por el contrario, se aferran más y más a ese sufrimiento, a esa ira… a ese recelo.

Así es como tantos victimarios ven perpetuado su daño, en la transformación de sus víctimas, ésas, las que se convierten en lo que otros alguna vez eligieron para ellos.

Es difícil comprender cómo alguien puede decir que ahora es quien es por los daños que le fueron infligidos a su persona.

Los hay quienes eligen quedarse en el espacio del problema y no trasladarse nunca al espacio de la solución, los hay que eligen ser víctimas para siempre en lugar de ser vencedores, en lugar de superarse, en lugar de elegir el bien para sí mismos… cambiando sólo de agresor, ahora ellos son sus propios victimarios, construyéndose a partir de lo peor de sí mismos.

Así han elegido su máscara, su personalidad, su rostro, sus palabras, su pensamiento, su sentimiento y, por supuesto, sus acciones.

Y sorprende cómo, con el tiempo, estas máscaras, las que surgen de lo  peor de uno mismo, son cada vez más rígidas, más difíciles de modificar, de cambiar, de restaurar… quizá porque el sufrimiento, en algunos, se enraíza mucho más que la felicidad, quizá porque resulta más seguro dejar de ser, que ser; quizá porque resulta menos arriesgado retar al exterior que a uno mismo, quizá porque el dolor termina para muchos, con el tiempo, en el espacio donde todo se permite, en el lugar sin ley, donde sólo manda la justificación de ese dolor, de ese pasado, de esa mala experiencia.

Y allá quien elija vivir al arbitrio de las consecuencias de sus propias debilidades, allá quien elija mantenerse fiel a su propia decadencia, y allá quien deje pasar cada día y cada oportunidad de cambiar y ser mejor.

Todos tenemos una personalidad o una máscara, cada uno elige qué hacer con ella y en qué o en quién decide convertirse.

Lo que le depare la vida no será nunca responsabilidad de lo que en ella le suceda, sino en cómo usted haya elegido vivirla… con qué rostro, con qué palabras, con qué pensamientos, sentimientos y acciones.

Pero recuerde que las máscaras son personales y, por supuesto… se eligen en solitario. Como siempre, usted elige.

¡Felices elecciones, felices máscaras!

 

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Source: Excelsior

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