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¡Y una para todas! En el esgrima de México '68

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Pilar Roldán (der.) logra un toque ante la sueca Kerstin Palme. La plata para la mexicana estaba a la vuelta de la esquina. La presea la conquistó el 20 de octubre de 1968 en la Sala de Armas de la Magdalena Mixhuca. Foto: Archivo Excélsior
JC Vargas

CIUDAD DE MÉXICO.

Pilar mira de nuevo Los tres mosqueteros.

Padre de D’Artagnan: Tengo un consejo más.

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D’Artagnan: Lo sé, lo sé. ‘No te metas en problemas’.

Padre de D’Artagnan: No. Métete en problemas, comete errores. Pelea, ama, vive.

Aquella niña de 12 años había visto tantas veces la película de Los tres mosqueteros que ya se sentía parte de ellos. Mirar a Gene Kelly en aquel filme de los años 40 como el espadachín D’Artagnan y sus tres amigos Athos, Porthos y Aramis le había metido en la cabeza que en un futuro no lejano sería como ellos.

Lo recuerda Pilar de casi 80 años, quien todavía se entusiasma al confesar que “en el Instituto Miguel Ángel, mis tres amigas y yo jugábamos a ser Los Mosqueteros. Pilar de la Parra escogió ser D’Artagnan, yo era Athos, Clara González era Aramis y Mercedes Hernández siempre fue Porthos. Ella se convirtió en monja y llegó a ser la directora de nuestra escuela”.

Las jovencitas se ponían capas y hasta consiguieron un florete, de aquellas armas livianas que sólo utilizaban las mujeres que se atrevían a participar en deportes de hombres. Los varones usaban espada y sable, metales más pesados.

Parecía que el destino de Pilar sería el tenis, pues sus padres (Ángel Roldán y Pilar Tapia) eran conocidos competidores. Él había sido seleccionado para la Copa Davis en 1934 y ella fue triple medallista en los Juegos Centroamericanos de El Salvador en 1935. Sólo que Pilar Roldán se entusiasmó tanto con el florete que a los 13 años pidió a sus padres la inscribieran a un curso de eso que llamaban esgrima. Para la suerte de Pilar, habían pasado los Juegos Olímpicos de Helsinki 52 y un entrenador italiano que había participado en ellos llegaba a México para impartir clases. Su nombre: Eduardo Alajino. Los astros se alinearon.

La casa de los Roldán se llenó de caretas, guantes, chalecos protectores y floretes. Hasta los padres de Pilar le siguieron el juego en aquello de practicar esgrima. En 1966 el tercio participó en los Juegos Panamericanos celebrados en Ciudad Universitaria, aunque la Chata (la mamá de Pilar) lo hizo en tenis.

A los 16 años participé en mis primeros Juegos Olímpicos”, señala Pilar Roldán, quien se recuerda en el lejano Melbourne 56, donde los reflectores se los llevaría el clavadista Joaquín Capilla con oro y bronce.

En esgrima sólo había participado la mexicana Eugenia Escudero (Los Ángeles 32) y ahora comenzaba a sonar aquella chamaca, quien empezó a ganar batallas en Centroamericanos, hasta convertirse en la abanderada de México en Roma 60, donde el clavadista Juan Botella se llevó un bronce. “Era la única mexicana que competía y la sala estaba llena de europeas. Quedé en séptimo lugar”.

Pilar también recuerda que “para los Juegos de Tokio 64 no me llevaron. Las autoridades deportivas decían que no tenía la calidad suficiente para competir. Yo tenía 25 años y no entendía por qué me borraron de la lista a los pocos días del viaje”.

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Y llegaron los Juegos Olímpicos de México 68. Para la competencia de esgrima se construyó la Sala de Armas Fernando Montes de Oca en la Magdalena Mixhuca, donde Pilar Roldán volvió a asomarse con su careta y florete. A sus 29 años, la atleta mexicana había conquistado el oro en los Panamericanos de Winnipeg 67. Estaba de regreso.

Yo no tenía en mente que ninguna mexicana había ganado medalla olímpica y que nuestros héroes sólo eran hombres. Yo competía por el placer”. Pilar no sabía que el 20 de octubre se convertiría en la primera mexicana en subir al podio olímpico, además de convertirse en la primera mujer latinoamericana en ganar un metal en esgrima, una prueba creada por y para los europeos.

Pilar inició aquella tarde con pie izquierdo. “Perdí contra la soviética Elena Novikova (ganaría el oro) y la húngara Ildiko Ujlary (bronce)”. Después, como si el espíritu de Athos se le metiera en el cuerpo, la espigada esgrimista mexicana comenzó a mover el florete de tal manera que pasó encima de la soviética Galina Gorokhova y la francesa Brigitte Gapais. Sin darse cuenta, en un tris, Pilar, aquella niña que jugaba con sus amigas a ser parte de los mosqueteros, estaba a un combate de asegurar la plata ante la sueca Kerstin Palme.

¿Qué pasó? Recuerdo que había mucho escándalo en la Sala de Armas, sólo que de pronto ya no escuché el ruido, la sueca comenzó a atacarme e hice un toque que me dio la victoria. En aquel momento no sabía que la medalla de plata ya era mía y mucho menos que sería la primera mujer mexicana en subir a un podio olímpico”, comenta Pilar, a casi 50 años de aquella aventura que comenzó como un juego de niñas.

 

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La charla se alarga con Pilar Roldán Tapia, de casi 80 años, quien comenta que sus amigas Pilar de la Parra y Mercedes Hernández ya pasaron a mejor vida. “Ya nos quedamos sin D’Artagnan y sin Porthos, es que ya estamos viejitas, oiga. La que está viva es Clara González (Aramis), con ella me sigo comunicando y seguimos siendo buenas amigas”.

Pilar se mudó hace tiempo a Puerto Aventuras, Quintana Roo, donde vive con su familia. Decidió dejar florete, careta y todo el material para practicar la esgrima. “Se lo dejé a mi hermana Lourdes, quien también competía. Sólo tengo la medalla de plata y algunos recortes de periódicos”.

Y, a propósito de su hermana, Pilar argumenta que las dos tenían la calidad suficiente para competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 (a los cuarenta y tantos), sólo que las autoridades dijeron que ya estábamos viejas. Nos encontrábamos entre las tres primeras del país”.

Ya no ha visto la película Los tres mosqueteros, pero sigue siendo Athos. Y así lo seguirá siendo, cada vez que la memoria le permita retroceder a los 12 años de edad y mirarse de nueva cuenta en el Instituto Miguel Ángel con sus amigas Pilar, Clara y Mercedes. Gritar al unísono: ¡Todas para una..!

 

cva

 


Source: Excelsior

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