¿Vale la pena arriesgar la vida por el trabajo?

Alejandro Feregrino Tapatío, periodista, productor de noticias

FERNANDO BRITO/AFP/GETTY IMAGES
Javier Valdez, en mayo de 2013.

Yo no conocí a Javier Valdez Cárdenas más allá de sus publicaciones, pero lo respetaba profundamente. Fue, sin duda, uno de los periodistas más importantes del país en materia de narcotráfico y crimen organizado. Sus libros, columnas y reportajes son invaluables para comprender la verdadera dimensión de este problema en Sinaloa, el estado que ha visto nacer a los principales capos de la droga en la historia de México.

El corresponsal de La Jornada y cofundador del semanario RíoDoce murió por hacer su trabajo, por hacerlo bien, con verdad y con rigor. Y por hacer su trabajo han muerto, en lo que va del año, cinco periodistas más. Ninguno de estos crímenes se ha esclarecido, ni hay detenidos por estos hechos. La impunidad, pues.

Su último libro, Narcoperiodismo(Aguilar, 2016), narra las historias de colegas que, como él, intentan (o intentaron) hacer su chamba en las condiciones más adversas. Recuerda también a los compañeros muertos por el ejercicio de su labor periodística.

¿Vale la pena buscar la nota en tiempos del narco? Javier Valdez creía que sí.

Javier Valdez sabía de los nexos entre narcos y políticos, y también sabía que el problema de la violencia en el país está lejos de resolverse. Que, pese a los discursos oficiales, la impunidad y la corrupción no cejan, y la violencia sigue ganando terreno.

Conocía de primera mano los riesgos de ejercer el periodismo en las zonas del país donde mandan los criminales. Pero también sabía que no debía ser así, que nadie tenía que morir por trabajar. Por eso protestó en Culiacán, junto con decenas de reporteros, por la muerte en Chihuahua de Miroslava Breach.

Gracias a su trabajo, al de Miroslava y al de tantos otros que siguen haciendo periodismo de verdad, recordamos día con día que el narcotráfico no solo es un problema socioeconómico sino una plaga cuyas víctimas se cuentan por miles cada año. Que detrás de los números de desaparecidos y ejecutados hay historias de seres humanos que merecen ser contadas. Que hay municipios donde no manda el alcalde sino el jefe de la plaza, grandes ciudades donde la policía no está al servicio del pueblo, sino del cartel.

¿Vale la pena buscar la nota en tiempos del narco? Javier Valdez creía que sí: “…escribir un reportaje, correr por la nota, decir con miedo la verdad, sí, aunque nos acompañe la angustia, decir el nombre y la ocasión, la hora y el motivo, reportear en el abismo, tener un pedazo de voz, lo suficiente para decirle al lector que también esto es la vida, que en el desierto o la costa, en la gran ciudad y las fábricas, los baldíos y las avenidas, queremos un país mejor, un país donde la libertad de expresión, la igualdad de género, la tolerancia, no sean sólo parte de un discurso político, de una retórica sucia, vieja, inútil”. (Narcoperiodismo, Aguilar 2016).

No conocí a Filiberto Álvarez, ni a Ricardo Monlui o Cecilio Pineda. Tampoco conocí a Maximino Rodríguez, pero su muerte me llenó de impotencia, porque la sentí cercana, como la de Javier Valdez y Miroslava Breach. Porque se dedicaban a decir o escribir noticias, como yo; y porque siempre he admirado a quienes viven el periodismo con tanta intensidad, como una vocación.

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