Sucio… ¡sucísimo!
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Sucio… ¡sucísimo!

La Organización Mundial de la Salud (OMS) el año pasado nos advirtió que en 2012 murieron tres millones de personas en el planeta por exposición a PM2.5.

Las PM2.5 junto con las PM10 causan enfermedades respiratorias y muerte por cardiopatía isquémica, accidente cerebrovascular, neumopatía obstructiva crónica y cáncer de pulmón, de acuerdo con la OMS.

Y como en 2016 vivimos varios días con contingencias ambientales, el Instituto Nacional de Salud Pública reconoció que la contaminación del aire causa 20 mil muertes anuales en el país, de éstas, nueve mil 600 corresponden a la Zona Metropolitana del Valle de México.

Las directrices de la OMS indican que si se reduce la contaminación por partículas de 70 a 20 microgramos por metro cúbico sería posible bajar en 15% el número de muertes relacionadas con la contaminación del aire. Pero en la Ciudad de México rebasamos el umbral. En promedio, si bien nos va, andamos en 50 y llegamos hasta 60 microgramos por metro cúbico en contingencia ambiental, de acuerdo con especialistas de la UNAM.

En lo que va del año, los habitantes hemos tenido si acaso 10 días de aire más o menos limpio, gracias a los vientos y lluvia, porque la constante ha sido respirar aire sucio (regular), muy sucio (malo) y porquería (muy malo), como en la última semana.

El lunes pasado la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) activó la Fase 1 de Contingencia Ambiental por Ozono porque se excedieron los 150 puntos Imeca. Y ya rompimos récord de siete días al hilo con una densa y tóxica nata. El sábado alcanzamos 186 puntos Imeca con todo y que dejaron de circular millón y medio de autos.

Lo lamentable son la improvisación e ignorancia de algunos funcionarios, como Tanya Müller, secretaria del Medio Ambiente de la CDMX.

El viernes subió a su cuenta de Twitter (12:47 horas) una fotografía en la que se aprecia un cielo azulísimo —como el que quisiéramos tener todos los días— y un “Gracias a las políticas ambientales que se llevan a cabo, la #CDMX ha dejado de ubicarse como una de las urbes más contaminadas del país”.

Y como a las 12:53 horas subió otro: “Según el estudio Global Urban Ambient Air Pollution Database de la OMS, la #CDMX no es la más contaminada, sino la séptima de un total de 9”. ¡Vaya consuelo, estamos muy mal, pero hay otros peores!

Sumemos los enfrentamientos entre los gobiernos local y federal, por haber bajado el umbral de 180 puntos Imeca a 150. 

Y la otra polémica, que si deben o no entrar al Hoy No Circula (HNC) las motocicletas. 

Estudios indican que estas unidades motorizadas pueden llegar a ser más contaminantes que un automóvil, por lo que en otras ciudades del mundo que tienen programas similares al HNC, en días altamente contaminados prohíben la circulación de motos. No sólo eso, también a camiones y autos muy viejos y contaminantes.

Ahí no acaba el problema. Las calles de la capital del país están los 365 días del año en obras y la construcción de nuevos complejos habitacionales y comerciales no para. Esas actividades abonan a la contaminación. Qué decir de la industria y de la polución que llega del Estado de México.

Ha sido positivo sacar de circulación hologramas 0 y 00 obtenidos mediante la corrupción, pero no ha sido suficiente. Esa práctica persiste.

Y seguimos esperando que camiones pesados y de transporte, que son verdaderas chimeneas, dejen de circular. A éstos no los tocan porque excusas sobran.

Agreguemos la baja calidad de las gasolinas y algunos por ahorrarse unos centavos compran huachicol, fomentando así un crimen.

Aún hay más: la pobreza de nuestro sistema de transporte colectivo. Es insuficiente e inseguro y está en pésimas condiciones.

Una movilidad eficiente y sustentable se logra con base en un sistema multimodal y de bajas emisiones. De nada sirven las Ecobicis si los usuarios están exponiendo su salud al respirar porquería.

Seamos justos. Han bajado los niveles de contaminación de cómo venían manejándose en los 90, cuando surgió el HNC, pero hace falta más.

Para lograr que la calidad del aire mejore, debe sumarse la voluntad de los habitantes. ¿Cómo? Evitando fugas de gas en el hogar, usar menos el automóvil, fomentar más el carpooling —individual y a nivel empresas—, respetar y cumplir con la verificación vehicular y el HNC, sólo por mencionar algunos puntos. 

Quizá así podríamos garantizar un aire menos sucio y mejorar la calidad de vida, porque se nos olvida que el cambio climático potencia los efectos nocivos de la contaminación atmosférica.

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