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Se agrava la crisis de la iglesia

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En medio de la tormenta por el informe de la Corte Suprema de Pensilvania sobre un millar de casos de pederastia perpetrados por sacerdotes católicos, y la denuncia por encubrimiento del influyente arzobispo Carlo Maria Viganò, el papa Francisco convocó a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para una reunión en febrero en la Santa Sede, a fin de adoptar medidas que permitan prevenir, castigar y erradicar esos y otros crímenes (que no son exclusivos de esta Iglesia, por cierto).

Las revelaciones de pedofilia realizada por clérigos católicos (desde diáconos hasta cardenales) y las acusaciones de encubrimiento de altos jerarcas (que incluyen al número tres del Vaticano, cardenal George Pell, y a los papas, Juan Pablo II y Benedicto XVI) han cimbrado a la Iglesia, desde fines de los noventa, cuando en Estados Unidos se dieron a conocer las primeras víctimas (ya suman 17 mil entre 1950 y 2013 cometidos por 6400 clérigos), lo que impulsó a miles de denunciantes de varios países, incluyendo a México (por ejemplo, el caso de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo). Este año, el pontificado de Francisco se sacudió con un informe de 3,677 infantes abusados y 1,679 sacerdotes implicados en Alemania, y sus giras en Chile (266 víctimas y 107 curas imputados) e Irlanda (25 mil agredidos) estuvieron ensombrecidas por los masivos reclamos de justicia, y los sucesos estadunidenses. En julio, el cardenal Theodore McCarrick (exarzobispo de Washington) presentó su dimisión al Papa, después de que fue acusado por abusar de infantes y adultos durante 50 años y, en agosto, el escándalo creció con las imputaciones a más de 300 curas que abusaron de mil infantes durante siete décadas en Pensilvania. El fiscal general del Estado, Josh Shapiro expuso el encubrimiento sistemático, el desaliento a las víctimas para que no denunciaran, entre otras anomalías.

Esta “catástrofe” moral e institucional de la Iglesia es explotada por los enemigos del Papa. Aprovechando que Francisco estaba de viaje en Irlanda (donde recibió reproches de que ha sido “tibio” con los pederastas), Viganó publicó la carta donde señaló al pontífice de “encubrir” y “silenciar” los abusos de McCarrick (de los cuales, supuestamente le informó, pero que no las tomó en cuenta hasta que estalló el escándalo), y le pide que dimita. Más allá de la veracidad o falsedad de lo denunciado, la carta constituye un ataque sin precedentes por parte de sectores ultraconservadores (italianos y norteamericanos, liderados por el cardenal Raymond Burke) contra el santo padre, su círculo cercano en el Vaticano y hasta se embarró a Juan Pablo II, por haber nombrado cardenal a McCarrick, cuando se sabía de sus tropelías. Francisco condenó el abuso sexual amenores, calificó de criminales a quienes lo cometen y lo encubren, y que deben responder ante los tribunales; pidió perdón y expresó vergüenza y dolor, y asumió la política de tolerancia cero de su antecesor. Asimismo, creó una comisión (en la que participan víctimas) para prevenir la pederastia; destituyó a altos jerarcas y expulsó a prelados de varias naciones, incluida una completa limpia de la iglesia chilena; convocó a la citada reunión episcopal y descalificó a quien promueve “el escándalo y la división”, entre otros dichos y acciones.

La crisis de oportunidad de impulsar cambios estructurales en la Iglesia (por ejemplo, eliminar el celibato), a través de un nuevo Concilio, que preserve la ruta seguida por Francisco y la actualice para los retos del milenio.

ENTRETELONES

Anunciar una “bancarrota” puede en efecto provocarla.

                Twitter: @evillarrealr

 

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Source: Excelsior

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