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¿Quién protege a la clase media?

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Una sociedad donde, por ejemplo, la clase media fuera del 10%, tendría un 90% de ricos y de pobres. Quizá 10% de ricos y 80% de pobres. Eso es África y Asia. Mientras que otro que tuviera el 90% de clase media, sólo tendría el 10% de ricos y de pobres. Quizá el 2% de ricos y el 8% de pobres. Eso es la Europa desarrollada, Japón, Canadá y los Estados Unidos.          

Pero, ¿qué es la clase media?

La clase media no es una clase promedio, sino una clase diferente. No es una clase tibia, es una clase distinta. Pero, además, tiene un fuerte sentido de pertenencia y ejerce “facultad de atracción”. Lo he comprobado en mi caso. Yo he vivido en esa clase. Soy bisnieto, nieto, hijo y padre de integrantes de ella. Por mi padre, provengo de profesionistas y políticos. Por mi madre, de comerciantes exitosos, aunque medianos. Pero lo más importante es que allí queremos permanecer.

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Fui diseñado educacional, sicológica, filosófica y temperamentalmente para ser abogado y político, que no empresario millonario. Se me instaló el apetito de cultura y de servicio que no el de riqueza y de ganancia. Así lo hice con mis hijos. Sólo queremos ser profesionistas. Ni albañil de obra ni dueño de banco.

Desde hace 40 años resido en Ciudad Satélite. Su sector poniente es una zona residencial de muy buena factura, con residencias de tamaño muy amplio para una clase media y media acomodada. El sector oriente, por su parte, es una zona comercial que contiene el mall más importante de la América Latina. En Plaza Satélite, la tienda de vestidos, la de discos o cualquier otra cadena, tiene su sucursal insignia nacional en cuanto al tamaño de sus ventas.

Este productivo conjunto de comercios, situado en esa colonia pudiente, pero no opulenta, vende más que los centros comerciales de colonias más socorridas como lo son Interlomas y Santa Fe, porque los ricos compran mucho, pero son muy pocos. Y vende más que los centros comerciales de colonias menos socorridas como lo son Acox-pa y Lomas Estrella, porque los pobres son muchos, pero compran muy poco.

Eso demuestra que, en todos los países, la economía nacional no la sostienen las clases ricas, sino las clases medias y eso lo saben muy bien los empresarios y los publicistas. Por eso las ventas y la publicidad siempre se orientan a ganar las preferencias de la clase media. Los gustos de esa clase  determinan la programación de las televisoras, la tendencia de la moda, el menú de los restaurantes y la producción de automóviles.

Todo sensato hombre de negocios sabe que tendrá un buen o mal año en función de lo que le apetezca a la clase media y de lo que le permita su bolsillo. Por eso, a su producto le inventa una novedad, le calcula el precio accesible y le inserta algún atractivo promocional de aquellos que le gustan a esa clase. 

Pero esto no siempre lo saben los políticos y los tesoreros. A los políticos en campaña les gustan los ricos porque se les apetece su dinero para financiar su proyecto promocional y electoral. No siempre reparan en que los ricos no son tan generosos como se les supone ni tan desinteresados como se les presume. Además, como bien lo señala Dick Morris, el dinero excesivo en las campañas ha estado más veces asociado con la derrota que con la victoria.

Y, por otra parte, les gustan los pobres porque son la mayor fuerza electoral, en teoría. Pero los candidatos no siempre reparan en que muchos pobres, sobre todo lo miserables, no tienen credencial electoral ni motivo para tenerla. Muchos no tienen ni domicilio fijo y casi ninguno ve el menor provecho de que gane algún candidato y pierda el otro. Por eso la abstención es fuerte entre los pobres y, si no la abstención, la apatía hace que no se acuerden ni siquiera del nombre de los candidatos. Dicho con respeto y con dolor, muchos de los que votan lo hacen por obligación, pero no por convencimiento o siquiera por interés.

Ante ello, muchas veces, la clase media queda desprotegida y desamparada. Ella no tiene los poderosos protectores que tienen los ricos ni los escandalosos defensores que tienen los pobres. Por eso casi siempre es la más agredida por el fisco, por la banca y por la política. Por eso no le brindan ni buen trato ni buen auxilio y, ni siquiera, buenas promesas ni buenas mentiras.

A los políticos, ya en funciones de gobierno, frecuentemente les estorban los pobres, porque sólo piden y no dan; se les montan los ricos, que sólo piden y no dan; y se les olvida la clase media, porque sólo da y no pide.

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Source: Excelsior

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