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¿Qué han hecho los que crecieron más del cuatro por ciento?

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Una de las ocurrencias que escuchamos de
López —hace algunas semanas— es que la economía crecería el año próximo —el 2019— a una tasa del 4.0%. Este deseo —más que pronóstico— no fue acompañado de alguna explicación —por mínima que hubiese sido—, de las medidas a tomar para lograr dicho crecimiento.

Por otra parte, la presente administración proyectó que para este año —el último de su encargo—, el crecimiento del PIB sería del orden del 5.0% y utilizó para lograrlo (pésima estrategia), la elevación del monto del endeudamiento y del gasto público. Este binomio perverso, lejos de hacer posible un crecimiento elevado y sostenido, produjo dispendio y corrupción y en el mejor de los casos, crecimientos mediocres cuando no un dañino estancamiento del Producto.

Hoy, imposible negar lo evidente, pagamos las consecuencias de no haber atendido a lo demostrado —una y otra vez en decenas de países— que, no es el gasto público, menos el crecimiento explosivo de la deuda, lo que posibilita crecer a las economías.

Luego entonces, de no ser los componentes de ese binomio, ¿qué hace crecer a unos países mientras que otros, que no hacen lo que aquéllos, permanecen en el estancamiento o logran un crecimiento mediocre? Conocer lo que hace crecer una economía y estar dispuesto el gobernante a ponerlo en práctica, es buena parte de la solución a la falta de crecimiento.

Tenemos entonces un nuevo binomio; positivo éste, no como aquél mencionado. Conocer las causas del crecimiento de una economía —o como se suele decir, las causales—, es una parte de la solución. De nada sirve conocer las causas, si no hay en el gobernante la voluntad política necesaria para poner en práctica las medidas que lo concretarían.

Llegamos entonces al punto crítico donde, en una muy buena parte de los países que se debaten en el estancamiento y/o los crecimientos mediocres o la franca recesión, el gobernante en turno se niega a tomar las medidas —impopulares y dolorosas— que lo harían posible.

América Latina es rico en ejemplos; Argentina, Brasil, Cuba, Venezuela, Nicaragua y México, son algunos de los países de la región donde, el endeudamiento y gasto sin control han evitado —hasta llevar a sus países a la quiebra total de su economía—, la toma de medidas que posibilitarían el crecimiento.

Es común escuchar que para que la economía crezca, hay que tener instituciones sólidas; éstas, se dice, deben ser respetadas y respetables; también, un Estado de derecho pleno y respeto de los derechos privados de propiedad y el contenido de los contratos. Sin que esto sea secundario o irrelevante para el crecimiento pienso que, como complemento obligado hay otros elementos que, de darse, contribuirían a lograr crecimiento; hablo de la puesta al día del andamiaje jurídico.

Aquí y ahora, los principales obstáculos al crecimiento son, de entrada, el texto vigente de los artículos 3, 27 y 123 constitucionales. ¿Imagina usted si lográremos una redacción con visión de futuro? Acabar con rémoras como el SNTE, la CNTE y la CETEG por nombrar tres, liberaría fuerzas que hoy están sujetas al cacicazgo y violencia de esas tres organizaciones. ¿Y qué me dice de la actualización del 27 y el 123 para que estén acordes con las condiciones que la globalidad ha generado en materia del campo y los mercados laborales?

¿Por qué no empezar entonces, por divulgar el daño que le hace al crecimiento, el texto vigente de esos tres artículos constitucionales?

 

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Source: Excelsior

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