Por Daniel Aceves Villagrán*

 

Desde mediados del siglo XX, México empezó a experimentar significativos cambios demográficos, impulsados, entre otros factores, por el mejoramiento de la infraestructura y acceso a los servicios sanitarios y educativos, permitiendo que se gestara uno de los grandes logros sociales de la época moderna del país: la disminución de las tasas de mortalidad, morbilidad y fecundidad.

Estas condiciones mejoraron la vida y alargaron la sobrevivencia de los ciudadanos, situación que, ya en el siglo XXI y de acuerdo con la experiencia acumulada y el estado del arte en la materia, debe ser combinada con un modelo de adquisición y desarrollo de competencias, destrezas y habilidades que permitan lograr el bienestar individual y el éxito económico de la sociedad.

Para ello y haciendo eco a las palabras de António Guterres, secretario general de la Organización de la Naciones Unidas (ONU), “las esperanzas del mundo están puestas en la gente joven… la paz, el dinamismo económico, la justicia social y la tolerancia: depende de que aprovechemos la energía de la juventud”.

Actualmente existen en el mundo mil 800 millones de jóvenes de entre 10 y 24 años, siendo la población juvenil más grande en la historia de la humanidad.

En México, aunque la edad media ha ido aumentando, en 1995 era de 21 años, mientras que para 2015 subió a 27 años, mientras que 25% de la población nacida entre 1989 y 2003 significan 30.6 millones de personas de entre 15 y 29 años de edad.

De la misma forma que representa un gran potencial, los jóvenes enfrentan grandes obstáculos que requieren mucho más que voluntad para poder sortearlos, como inestabilidad política, acceso limitado a la educación de calidad, mercado laboral altamente competido y en muchas ocasiones precariamente pagado, limitado espacio para la participación política y cívica que genera una profunda desigualdad, además de colocarlos en situaciones de vulnerabilidad, marginación y violencia.

La radiografía en nuestro país, con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), muestra lo siguiente: de los 16 millones de jóvenes que forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA) 60.6% lo hace en la economía informal; 3.9 millones de jóvenes no estudian ni trabajan (ninis); 5.2% de las muertes registradas comprenden a este grupo de edad y en muchos casos son resultado de causas violentas.

Resulta menester que, a partir de esta información, se cimiente la planeación demográfica, económica y social del país, teniendo en cuenta esta complicada y vertiginosa dinámica que ocasiona el gran volumen y la estructura y distribución de la población.

Finalmente, esta nueva generación tiene que cambiar el chip y no sólo sentirse con el potencial, sino con la responsabilidad de ser socios en los procesos de cambio, a partir de prácticas sistemáticas que los involucren más en lo político, cívico y social, recorriendo el camino de la mano del progreso tecnológico y compitiendo en una economía mundial que, cada vez más, está basada en el conocimiento.

De acuerdo con la información del Censo Mundial realizado por el gobierno de Estados Unidos, hay siete mil 493 millones de habitantes en el mundo. México es la decimoprimera nación en términos demográficos, con 126 millones de personas, antecedido por China, India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil, Pakistán, Nigeria, Bangladesh, Rusia y Japón.

 

*Analista

 

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Source: Excelsior

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