Fethullah Gülen, del movimiento interreligioso Himet, y Andrew Brunson, misionero evangélico radicado en Turquía.

Fethullah Gülen, del movimiento interreligioso Himet, y Andrew Brunson, misionero evangélico radicado en Turquía.

Una crisis económica que afecta a todos los países emergentes y que amenaza con contagiar al resto del planeta. Posible quiebre de la OTAN, la alianza militar occidental. Graves amenazas entre los presidentes de la primera potencia y su aliado indispensable en Medio Oriente. Y en el medio dos clérigos, uno cristiano evangelista y el otro musulmán, que permanecen como rehenes de una complicada trama de conspiraciones y golpes de Estado. Ésta es la raíz de las turbulencias financieras que la última semana golpearon con mucha fuerza a Argentina y Brasil y aún pende sobre México y otras economías latinoamericanas.

Todo comenzó hace dos años con un cruento intento de golpe de Estado en Turquía. En la madrugada del 15 al 16 de julio de 2016 algunas facciones dentro de las Fuerzas Armadas se sublevaron para derrocar al presidente Recep Tayyip Erdoğan. La movilización se concentró en Ankara, la capital política, y en Estambul, el centro económico, social y cultural. Los golpistas lograron inicialmente controlar lugares estratégicos pero pronto hubo una reacción masiva de rechazo en las calles, en los partidos de la oposición y de la comunidad internacional. Después de varios enfrentamientos callejeros entre civiles y militares y el bombardeo de edificios gubernamentales como la Asamblea Nacional y el Complejo Presidencial, el golpe fracasó. Murieron 290 personas, entre ellos 47 civiles. Erdogán aprovechó la oportunidad para reforzar su poder. Inició la purga más grande de enemigos y adversarios desde las practicadas por Stalin en la Unión Soviética. Fueron destituidos 30 gobernadores regionales y 2.839 militares, entre ellos 103 generales y almirantes. También fueron apartados de sus funciones 2.745 jueces –todos arrestados- y más de 36.000 maestros. En total, fueron despedidos más de 50.000 funcionarios públicos. Se revocaron las licencias de 24 canales de televisión y radios, así como la matrícula de 34 periodistas (la mayoría fueron encarcelados). Esto se sumó a los 45 diarios, 16 cadenas de televisión, tres agencias de prensa, 23 estaciones de radio, 15 revistas y 29 editoriales que clausuró el gobierno autocrático en los últimos años. Se revocaron 11.000 pasaportes. Y hasta los árbitros de fútbol cayeron en la redada: 94 referís fueron expulsados de la Federación Turca de Fútbol. Erdogán justificó la purga diciendo que toda esta gente formaba parte del movimiento interreligioso Himet del clérigo Fethullah Gülen, de 79 años, exiliado desde los noventa en Estados Unidos, y que supuestamente habría sido el inspirador del golpe. Desde entonces, Erdogán presiona a Estados Unidos para que extradite y le entregue a Gülen. El entonces presidente Barack Obama dijo que eso era una extorsión y que no iba a hacer nada para consolidar el estado “neo-dictatorial” turco.

Fethullah Gülen, apodado afectuosamente como Hodjaefendi (se pronuncia Hoca Efendi), es un teólogo, predicador y erudito del Islam. Se lo considera como un musulmán moderado favorable al acercamiento entre las tres grandes religiones monoteístas, bien visto tanto por el Vaticano como en Israel. Es el fundador del Movimiento Hizmet, con miles de escuelas y universidades en Turquía y otros países que difunden sus enseñanzas y apertura religiosa. Pero también es un poderoso conglomerado económico con intereses en industrias y empresas de servicios internacionales. Durante décadas, Gülen fue aliado de Recep Tayyip Erdogan que también se presentaba como un político islamista moderado. Pero esa alianza se quebró en 2013 cuando el entonces primer ministro acusó a Gülen de promover las investigaciones por corrupción dentro de su gobierno y por impulsar las protestas en las calles así como las denuncias periodísticas. Para entonces, el clérigo ya hacía tiempo que vivía en Estados Unidos. En 1999 Gülen se había instalado en la pequeña ciudad de Saylorsburg, Pensilvania.

Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan durante una reunión de la Otán en Bruselas. (AFP PHOTO / POOL / Tatyana ZENKOVICH)

Donald Trump y Recep Tayyip Erdogan durante una reunión de la Otán en Bruselas. (AFP PHOTO / POOL / Tatyana ZENKOVICH)

Entre los arrestados en la purga lanzada después del intento de golpe, también estuvieron veinte ciudadanos estadounidenses residentes o viajeros ocasionales en Turquía. Un científico de la NASA que estaba visitando a su familia, un profesor de química y su hermano corredor inmobiliario residentes de Pensilvania y un clérigo evangelista residente en Turquía por 23 años, figuran en la lista. Y fue precisamente cuando los agentes de inteligencia del régimen le presentaron “la gran idea” a Erdogán. Intercambiar por Gülen al misionero evangélico Andrew Brunson, que preside desde 1995 la pequeña iglesia de la Resurrección en la antigua ciudad de Izmir (Esmirna), sobre la costa del Mar Egeo. Brunson estuvo en la cárcel –y aparentemente en muy malas condiciones- hasta la semana pasada en que obtuvo un arresto domiciliario.

Entrevistada por el New York Times en Estambul, la profesora Asli Aydintasbas, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, que conoce lo que sucedió en las negociaciones turco-estadounidenses de los últimos meses, se vio sorprendida por la crisis económica que generó la controversia después de que el presidente Donald Trump y Erdogán parecían haber llegado a un acuerdo durante la cumbre de la OTAN del mes pasado. “Ahora, sus posiciones se endurecieron y se cortaron casi todos los caminos de diálogo”, explicó. El arreglo, según Aydintasbas, fue el de liberar al clérigo Brunson a cambio de que Estados Unidos deportara al banquero turco, Mehmet Hakan Atilla, que está purgando una condena de 32 meses de prisión en ese país, para cumplir el resto de la sentencia en Turquía. Incluso, Erdogán le pidió a Trump que interceda por otro prisionero turco, Ebru Ozkan, que estaba encarcelado en Israel. Ozkan fue inmediatamente liberado por el gobierno de Benjamin Netanyahu. Y se suponía que los turcos harían lo mismo con el clérigo Brunson mientras se completaban unas formalidades de la justicia estadounidense para la transferencia del banquero Atilla que podrían tomar entre 10 y 15 días.

Pero Erdogán creyó que el clérigo Brunson podía valer mucho más. Y a último momento pidió también la reducción de una multa del Tesoro estadounidense contra el banco turco Halkbank por violar las sanciones de los Estados Unidos contra Irán. Esta nueva demanda fue presentada por funcionarios turcos en una reunión de principios de la semana pasada con su contraparte en Washington. Terminó muy mal. Y la Administración Trump dio un ultimátum: Brunson debía ser liberado antes de las seis de la tarde del miércoles pasado. Fue cuando lo transfirieron al arresto domiciliario, pero no lo entregaron. A partir de ese momento, se desataron una serie de amenazas de sanciones económicas entre Ankara y Washington, todo sazonado con varios tweets de los presidentes, que hicieron estallar la crisis financiera que sacude al mundo y muy particularmente a la Argentina.

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Source: Infobae

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