por Ginés S​á​nchez*

 

En el año 2013 se anunciaba con bombo y platillo el proceso de compra venta de la Casa Exekatlkalli, o mejor conocida como Casa de los Vientos, ubicada en la zona tradicional de Acapulco, que fue de la empresaria e incansable promotora de la cultura mexicana, Dolores Olmedo Patiño, y donde el pintor Diego Rivera pasó largas temporadas en sus últimos años de vida. Ahí, el genio de alcances mundiales pintó, entre 1955 y 1957, unos imponentes murales a base de mosaico y concha, tanto en su fachada con motivos prehispánicos (más de 100 metros cuadrados), más otros de muy similares dimensiones, pero con distinta temática, en los techos del interior de la misma residencia, además de haber pintado en esa misma casa algunas obras importantes del artista en óleo, como su tan famosa serie de atardeceres. La operación se llevó a cabo de la mano del gobierno del estado y de la fundación Carlos Slim. Aunque en el año ya mencionado se hablaba de abrir al público la casa —como un (paradójicamente) novedoso atractivo turístico y, a la vez, un centro cultural que albergaría muy diversas actividades, entre ellas un museo, conferencias, talleres y mucho más—, dicha casa permanece ahora en el total abandono, cerrada y sin siquiera un buen mantenimiento, mismo que los dueños anteriores se esmeraban en darle de manera permanente.

Ojalá, y más por los momentos difíciles que vive el puerto, como el estado de Guerrero, este proyecto se reiniciara, uno de los motivos de la frase ya tan hecha del “tejido social roto” es precisamente la falta de orgullo en la identidad de los habitantes de una comunidad, y así como cuando uno visita el Museo Soumaya, en la Ciudad de México, se siente uno orgulloso de la obra de un mexicano ejemplar, y muchos miles de connacionales tenemos la oportunidad de tener acceso a una especie de ventana a las artes y a la cultura universal, que de otra forma sería muy difícil, incluso imposible para muchos. En Guerrero miles de personas no tienen siquiera la posibilidad de acceder a lo que es México, su propio país, y sus expresiones artísticas, históricas y culturales.

Se entiende, dada la ya característica de los gobiernos de este estado sureño, de inestabilidad, ineptitud y estrechez de miras, que el ingeniero Slim haya detenido su proyecto de rescate del Acapulco tradicional, mediante un esquema similar al implementado en el Centro Histórico de la CDMX, y también sus múltiples inversiones que estaban ya listas para iniciarse, como la de un centro comercial con un acuario y otras más. En Guerrero no están dadas las condiciones, cuando menos por ahora, para tener certidumbre en sacarlos adelante, pero el mantener cerrada la Casa de los Vientos sí es algo muy triste; es desolador que la mayoría de la gente ignore que este invaluable tesoro siquiera existe en el Puerto, patrimonio no sólo de los mexicanos, sino de la humanidad misma. Sería más que deseable que la fundación Carlos Slim comprara la parte que corresponde al gobierno del estado, y dejara el ingeniero un legado imperecedero en la ciudad de Acapulco, hoy que tanto necesita espacios como éste, que supondrían un remanso en su caótica rutina, así como una actividad novedosa en la limitada oferta turística del lugar.

*Analista

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Post y Contenido Original de : Excelsior
La Casa de los Vientos de Carlos Slim
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