Por Cecilia González. Corresponsal

Buenos Aires, 4 Ago (Notimex).- Los argentinos vivieron esta semana un caso de corrupción que involucra unos” misteriosos cuadernos” escritos a mano, un chofer arrepentido, empresarios y exfuncionarios detenidos, una expresidenta al borde de una grave acusación, y un juez cuestionado por su parcialidad.

El caso comenzó en enero pasado, cuando Jorge Bacigalupo, un policía retirado, le entregó a Diego Cabot, un periodista del diario La Nación, ocho cuadernos escolares repletos de anotaciones a mano, más algunas facturas de compras y videos.

Los cuadernos fueron escritos por Oscar Centeno, quien durante más de una década fue chofer de Roberto Baratta, uno de los exfuncionarios más influyentes de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015).

En esas páginas Centeno registró, al mejor estilo de los servicios de espionaje, a dónde, cuándo y con quiénes llevaba a Baratta, con detalles pormenorizados de placas de automóviles, direcciones de estacionamientos y horarios, más las llamadas telefónicas que escuchaba y las bolsas repletas de dinero que veía.

Las anotaciones del chofer revelan con precisión el mecanismo que presuntamente funcionó para que influyentes empresarios pagaran decenas de millones de dólares de sobornos en efectivo que Baratta recogía, y luego llevaba directamente a los Kirchner.

El escándalo estalló esta semana con la detención de una docena de empresarios, exfuncionarios y el chofer Centeno, y la publicación de los cuadernos, primero en La Nación y luego en otros medios de alcance nacional.

Centeno le dio a guardar a su amigo Bacigalupo su diario de la corrupción y cuando supo que este se los había enseñado al periodista de La Nación, los recuperó y los quemó, por lo que la prueba principal con la que comenzó el caso ya no existe, y en su lugar sólo hay fotocopias.

El chofer reconoció que la letra es suya, que efectivamente él escribió esos cuadernos y se acogió a la figura del “arrepentido” para quedar en libertad a cambio de brindar información y pruebas que permitan la condena de los acusados.

En la causa que avanza bajo la carátula de una “asociación ilícita” ya hay 16 exfuncionarios y empresarios detenidos, dos prófugos y otros 18 exfuncionarios citados a indagatoria, entre ellos Cristin Fernández de Kirchner, quien declarará el 13 de agosto próximo.

Uno de los principales problemas de la causa es que la encabeza Claudio Bonadío, un juez que tiene una probada parcialidad en contra de la expresidenta y quien ya ha realizado shows mediáticos y judiciales en su contra.

En este caso, por ejemplo, el juez ya dejó trascender que pedirá el desafuero a pesar de que Fernández de Kirchner todavía no declara, y ni siquiera está todavía en la lista de acusados, es decir, ya la considera culpable de antemano.

Pese a las dudas y desconfianza que despierta el juez, el caso de los cuadernos amenaza con destapar la caja de pandora de la corrupción argentina, ya que Juan Carlos de Goycoechea, uno de los empresarios detenidos, ya también ofreció declarar como “arrepentido”.

De acuerdo con la acusación formulada por el fiscal Carlos Stornelli, se investigará a Fernández de Kirchner como jefa de una “asociación ilícita” que sumó sobornos por 35.6 millones de dólares entre 2008 y 2015, el periodo que el chofer registró en sus cuadernos.

El principal misterio de toda esta historia es que, si efectivamente se pagaron esos sobornos, en dónde está escondida esa fortuna en efectivo.

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