Tanquetas y vehículos blindados llegaron al Zócalo de la ciudad para desalojar a los estudiantes que mantenían una manifestación en las puertas de Palacio Nacional. Fotos: Archivo histórico Excélsior
Tanquetas y vehículos blindados llegaron al Zócalo de la ciudad para desalojar a los estudiantes que mantenían una manifestación en las puertas de Palacio Nacional. Fotos: Archivo histórico Excélsior
De acuerdo con datos del archivo, dos policías conducían a un alborotador, en el Zócalo, mientras algunos reporteros lo interrogaban.
El joven Humberto Santiago López izó la Bandera nacional luego de que, un día antes, había sido colocado un lienzo rojinegro en el asta.
Elementos del Ejército resguardaron el Zócalo de la ciudad para evitar que los estudiantes se volvieran a congregar en manifestación.
Andres Becerril

CIUDAD DE MÉXICO.

Las escenas de violencia callejera que empezaron en los primeros minutos del 28 de agosto de 1968 —cuando fueron desalojados los estudiantes que pretendían ocupar el Zócalo—, siguieron durante parte de ese día.

Incluso hubo una escena con armas de fuego. Desde la ventana de un hotel en la Plaza de la Constitución dispararon contra soldados que seguían correteando estudiantes. A la luz de los años, este hecho —del que no se supo más—, se aprecia como una provocación, un ensayo…

En la edición de Excélsior del 29 de agosto de hace 50 años se publicaron distintas notas sobre el nuevo desalojo de estudiantes; el reconocimiento del Consejo Nacional de Huelga (CNH) de que se habían equivocado en su plan de permanecer de guardia en el Zócalo y el acto, supuestamente espontáneo, de un grupo de personas que para desagraviar a la Bandera nacional armando un show: izaron y arriaron una bandera rojinegra, la que supuestamente los estudiantes habían izado en la víspera, y colocaron una enseña patria.

El supuesto espontáneo desagravio fue autorizado por el regente del Departamento del Distrito Federal (DDF) y participó un grupo de militares.

La información publicada por Excélsior en su edición del día anterior (28 de agosto) documentó que la bandera rojinegra izada por los jóvenes fue arriada hasta que la mayor parte de los reunidos en el mitin del Zócalo lo abandonaron.

Carlos Ravelo es el autor de la nota publicada hoy hace 50 años titulada “Por segunda vez en el día, el Ejercito expulsó ayer del Zócalo a los estudiantes”.

La información refiere que los estudiantes pretendían permanecer frente a la puerta central de Palacio Nacional. Que fueron invitados a salir del Zócalo pero como no lo hicieron después de 15 minutos, por la calle de Moneda aparecieron varios carros blindados.

Quítense… quítense” algunos hicieron caso. Otros, en cambio, mantuvieron su actitud. Fue entonces cuando imprimieron más velocidad a los carros para intentar, en esa forma, ahuyentarlos. Comenzó la dispersión general, se lee en la nota de Ravelo.

Con el peligro de ser atropellados por los vehículos militares, los estudiantes arrojaron todo lo que pudieron en contra de los militares: palos, cáscaras de naranja, papeles, incluso hubo una muchacha que se quitó los zapatos y se los arrojó.

Por toda la explanada corría la gente. Un vehículo blindado derrumbó un arbotante de luz de Palacio Nacional, pero no detuvo su carrera.

Esa escena se prolongó por unos quince minutos, escribió Ravelo, mientras que los granaderos, provistos de caretas y escudos contra motines, cerraban las bocacalles en previsión de que los muchachos pretendieran regresar al Zócalo.

De pronto, está en la nota publicada hoy hace 50 años, de un balcón del tercer piso del hotel Majestic, sonó una ráfaga de ametralladora. Las balas, dirigidas contra los soldados, rebotaron en los carros blindados y lesionaron a siete personas que “disfrutaban con el espectáculo”.

Inmediatamente uno de los soldados contestó el fuego. Después un grupo de agentes policiacos invadió el edificio y apresó a siete personas. De dos de ellos se proporcionó el nombre. De los cinco restantes, no. Se trataba de Juan Gallardo N. y Andrés Martínez. El primero aceptó haber disparado contra los soldados, se le decomisó una subametralladora.

Los lesionados se fueron del lugar sin presentar cargos, después de que fueron atendidos y las lesiones no eran graves.

La persecución contra los estudiantes siguió. Magazine de Policía, una revista editada por Excélsior hace 50 años, recreó lo ocurrido el 28 de agosto en pleno primer cuadro de la ciudad de México:

Descarga de fusilería, gritos, órdenes, alaridos, soldados, granaderos, estudiantes, ambulancias, empleados, carreras, puertas que se cierran, ulular de sirenas, pánico.

Todos estos elementos se mezclaron en unos cuantos instantes a las dos y media de la tarde del miércoles 28 de agosto (de 1968), a menos de 100 metros del Zócalo, en la esquina de Madero y Palma.

Grupos de estudiantes se acercaban al Zócalo. Miles de empleados de casas comerciales salían a comer, otros regresaban a sus labores. Soldados del 47 batallón, fusil en mano y con bayoneta calada avanzaron por Madero. Granaderos con el rostro cubierto por viseras de plástico y grandes escudos contra piedras y otros proyectiles avanzaron.

Los soldados levantaron sus armas y dispararon. En los muros de Madero 70 quedaron grandes embudos excavados por las balas.

Siguieron avanzando soldados y policías entre los gritos de los estudiantes y una lluvia de piedras y monedas, botellas y hasta espejos de bolso que les lanzaban las mujeres asomadas a las ventanas.

¡Hay varios muertos!” “Que no desaparezcan los cadáveres” “que no se lleven a los heridos”, gritaban los estudiantes y el público.

Minutos después sobre una camilla llevada por dos jovencitos, pasó un cuerpo cubierto por un suéter azul y con una gran mancha de sangre en la espalda. Una muchacha vestida con suéter dorado y falda azul se quiso lanzar contra la bayoneta de un soldado que la esperó a pie firme. Un estudiante de medicina con bata blanca manchada de sangre la contuvo.

Un estudiante como de 18 años salió del grupo estacionado en Palma. Se quedó viendo al capitán de la compañía de soldados y le grito: ¡Papá! ¡quítate el uniforme! Hubo un gran silencio. Luego órdenes militares. Los granaderos abordaron sus vehículos (seis transportes) y se retiraron. Cuatro ambulancias de la Cruz Verde pasaron rumbo al Zócalo.

Volvieron a sonar voces de mando. Los soldados avanzaron paso a paso y rechazaron a los estudiantes hasta la esquina de Madero e Isabel la Católica. Regresaron los granaderos fueron rechazando a los grupos de estudiantes y al público hasta el Palacio de Bellas Artes.

Los soldados se quedaron cerca del Zócalo, las bocacalles fueron bloqueadas por granaderos y la avenida quedó sembrada de cascos, botellas rotas y monedas lanzadas desde las ventanas. En la esquina de Gante y Madero, una muchacha empezó a cantar el Himno Nacional. Desafinó. Insistió y poco después más de un millar de voces juveniles cantaban el Himno y estrofas mientras se replegaban ante el avance de los granaderos.

En distintas asambleas realizadas en la víspera del 29 de agosto, los dirigentes universitarios del Consejo Nacional de Huelga, organizador de la marcha del 27, reconocieron que se equivocaron al haber exigido un debate para el 1 de septiembre, fecha del informe de gobierno del presidente Díaz Ordaz y la pretendida permanencia en el Zócalo de guardias estudiantiles hasta que se resolviera el conflicto.

Mientras que los estudiantes del CNH del Politécnico, reunidos en Zacatenco, dijeron que la solución del conflicto era de tipo político, de fuerza.

En ese contexto se conoció la información de que Heberto Castillo, parte de la Coalición de Profesores, había sido golpeado por agentes del Servicio Secreto, frente a su casa, pero no obstante la golpiza, estaba bien.

El acto de desagravio a la Bandera nacional por parte de un grupo de “espontáneos”, estuvo concatenado con el nuevo enfrentamiento de estudiantes y elementos policiacos y del Ejército. Los estudiantes lograron mezclarse con el grupo de “espontáneos” y ahí se armó el nuevo conflicto.

En el acto de desagravio, un hombre identificado en la información de Excélsior como Gonzalo Cruz Paredes izó una Bandera nacional en el asta del Zócalo e hizo la pantomima que arriaba una bandera rojinegra, que supuestamente era la que los estudiantes habían izado en la víspera y también la quemaron y pisotearon.

Los espontáneos, que tuvieron el cobijo de empleados de la Secretaría de Hacienda, de Educación Pública, del Departamento del DF y de comerciantes en pequeño y contaron con la presencia de un batallón de fusileros paracaidistas y una banda de guerra que rindió honores a la enseña patria, escucharon a Cruz Paredes decir:

Venimos a realizar un acto de reafirmación de nuestra calidad de mexicanos izando la Bandera de México que es la única enseña y el más preciado emblema de nuestra historia”.

El acto de quemar y pisotear la bandera rojinegra, que no era la que los estudiantes izaron la noche anterior, fue uno de los elementos que produjo parte de la chispa para el enfrentamiento que había comenzado en el Zócalo en los primeros minutos del día 28, como quedó en documentos de este diario.

 

cva

 


Source: Excelsior

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