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“Grace, una niña fue abandonada en el hospital y ni siquiera tiene nombre. ¿Puedes venir por ella?”

A diario muchos niños son abandonados y necesitan de alguien que los cuide. Para ello existen las familias de acogida, que son personas que se ofrecen voluntariamente para proteger y cuidar a niños, niñas y adolescentes que se encuentren temporalmente sin el cuidado de sus padres biológicos y puedan entregarle todo lo que ellos necesiten.

Si bien parece ser una tarea hermosa, no deja de ser difícil… pues son niños vulnerables, que probablemente arrastren algunos traumas y necesitan mucho amor.

Pero Grace Kriegel, una madre de acogida, quiso contar su experiencia para derribar mitos y aclarar dudas sobre lo que significa estar a cargo de un niño al que probablemente después deberán entregar a esa misma familia a la que en un principio le negaron su cuidado.

“Oye, Grace. Una niña fue abandonada en el hospital. Ella ni siquiera tiene un nombre. ¿Puedes venir a recogerla en una hora?” así comienza el relato de la mujer, recordando uno de los llamados que recibió para ir en ayuda de una pequeña abandonada.

Grace Kriegel

De acuerdo a sus palabras, ella y su esposo son familia hace dos años y ya tienen ocho niños de los que han decidido hacerse cargo, a diferencia de varias otras familias que prefieren apuntarlos con el dedo y decirles “Yo nunca podría hacer eso”.

Entonces, Grace comienza a explicar por qué lo hace.

Cuando recibió el llamado para recoger a esa bebé, estaban justo en una tienda tratando de comprar pantalones para la niña de 12 años que ya tenían bajo su cuidado. “Mi esposo y yo hicimos contacto visual. Ni siquiera necesitamos discutirlo. “Sí”. Tomamos unos cuantos atuendos y un paquete de pañales, pasamos por la casa para tomar una silla de niño y, 45 minutos después, pusimos en nuestros brazos a la princesita pakistaní más perfecta“.

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Tras 4 meses, recibió una nueva llamada sobre esa misma niña. Uno de los pediatras descubrió que la pequeña no había sido revisada al nacer y necesitaba una cita urgente. “¿Puede acortar tus vacaciones para llevarla a esta cita?, le preguntaron… y ella no pudo negarse.

A la niña le hicieron muchas pruebas, de corazón, riñones, columna vertebral… y obtuvo un diagnóstico de nacimiento que necesitaba muchas cirugías y unos pocos meses con una bolsa de colostomía. Como lo que se venía era difícil, prefirieron preguntarle a la madre de acogida si estaba dispuesta a seguir, si no, le buscarían otra familia a la pequeña.

Grace Kriegel

“Lo manejaremos. Nos sentamos a su lado de la cama mientras se despertaba de las cirugías. La abrazamos mientras lloraba lastimosamente. Aprendimos cómo cuidar una bolsa de colostomía. Pedimos suministros y los pagamos de nuestro bolsillo. Compramos ropa nueva para dejar espacio para su bolsa de colostomía. La vimos sanar. La vimos comenzar a confiar en nosotros. La amamos, y ella floreció. A los 10 meses fue operada nuevamente para quitar su bolsa de colostomía y jamás decayó”.

Pero entonces hubo otra llamada.

“Hola, Grace. Publicamos a la pequeña en el diario para encontrar a su padre desconocido. No hemos recibido una respuesta. Parece que este caso va hacia la adopción. ¿Estarías dispuesta a adoptar a la niña?”

Y aquí viene la más hermosa explicación que, según Grace, se reduce a algo muy simple: esperanza.

“La práctica de esperar con gran expectativa las cosas que vienen no es fácil y no nos hace santos. Pero nos lleva a creer que hay más por ahí, y mejor por ahí, para las familias rotas y los niños heridos” dijo, y luego formuló y respondió las preguntas típicas que hacen las familias tradicionales.

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Grace Kriegel

“¿Cómo amas a tantos niños y dejas que vuelvan a casa?” Con esperanza. Espero sinceramente que sus familias hayan aprendido a sobrellevar mejor el estrés. Tengo la esperanza de que hayamos forjado relaciones profundas y significativas con la familia biológica. Espero que los volvamos a ver, pero en circunstancias mucho mejores.

“¿Cómo soportas tales comportamientos horribles?” Con esperanza. Porque, a veces, el dolor se parece mucho a la rabia. Y si podemos superar la ira, tengo la esperanza de poder llegar al dolor. Y tengo la esperanza de que, si podemos llegar al dolor, también podemos llegar a la curación.

“¿Cómo soportas la agitación constante en tu hogar?” Con esperanza. Soy un adulto que puede procesar racionalmente un cambio repentino e inesperado. Los niños que entran en nuestro hogar no pueden. Tengo la esperanza de que, aunque la abrupta interrupción sea traumática, podamos ser un refugio seguro en una tormenta para las pequeñas almas que están perdidas y confundidas. Tengo la esperanza de que todos nos acomodemos en una nueva normalidad y encontremos consuelo juntos.

“Estaría triste todo el tiempo. ¿Cómo escuchas sus historias?” Con esperanza. Me despierto varias veces por noche con los niños llorando por mí. Me siento durante horas, sosteniendo pequeños cuerpos, llenos de sollozos, hasta que finalmente pueden recuperar el aliento. Documenté lesiones, dispensé medicamentos, asistí a terapia intensiva en el hogar y completé innumerables evaluaciones solicitando exámenes. Escucho a niños en edad preescolar compartir historias de violencia doméstica y veo una lucha de preadolescentes con la salud mental. Abro una y otra vez la nevera para demostrar a los niños que siempre hay comida. Asisto a las reuniones y abogo por los niños. ¿Pero sabes qué más hago? Lloro. Caigo en los brazos de mi esposo al final de algunos días, y ruego que simplemente dejemos este trabajo porque es pesado. Pero él me recuerda que la esperanza aligera la carga. Y todos los días, respiramos hondo, nos apoyamos en la esperanza y lo hacemos todo de nuevo.

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Finalmente Grace quiso terminar de contar su experiencia con una de las más bellas anécdotas y llamados: “Oye, Grace ¡Felicidades! ¡Parece que hemos confirmado una fecha en marzo para la ceremonia de adopción! Puedes invitar a quien quieras. También asistirán varios trabajadores sociales. Quieren ver este caso hasta el final”.

Y así, el 14 de marzo de este año, a las 10 de la mañana, ambos padres tomaron el puesto ante los ojos de sus amigos y familiares. “Miré a mi esposo, sentado allí con esa dulce niña que había compartido nuestro hogar durante los últimos 14 meses. Una niña pequeña que había perdido tanto, pero para quien esperábamos mucho más”.

Grace Kriegel

Y de pronto surgió una nueva pregunta: “Grace, ¿cómo han decidido llamarla?” 

“Mis ojos se volvieron hacia mi hija. Ella me dio la sonrisa más grande mientras respondía… su nombre es Arya. Arya Hope (Arya Esperanza)“, respondió.


Source: UPSOCL

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