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Ganas de novelar

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La consulta del aeropuerto, si se hace o no, si se pagarán indemnizaciones o no, si eso va a afectar la credibilidad del próximo gobierno, si viene o no el presidente de Venezuela y si lo queremos ver por aquí o no queremos, si los centroamericanos se acogerán al refugio que les han ofrecido, si hay Reforma Educativa, si hay recortes presupuestales, si el día 1º de diciembre va a salir el Sol como siempre y todos seguiremos viviendo como estamos acostumbrados, si… si… si…, en fin, es que ni siquiera el panorama internacional parece ayudar a la tranquilidad, paquetes bomba enviados a los enemigos de Trump cerca de las elecciones legislativas, más centroamericanos varados en la frontera de México y Guatemala.

La pluma del ignoto escritor corre que corre sobre el papel de la escena y los personajes, tanto los principales como los accidentales, no acertamos a adivinar las intenciones de nuestro autor y nos sentimos como los de la vieja novela de Unamuno, Niebla, tratando de decirle que hay cosas que no nos van cuadrando. Yo lo veo así, desde mi escritorio y desde la ventana de mi hogar: son cosas que pasan en un escenario de cambio que todos — aun los opositores— necesitábamos para salir del marasmo que confundíamos con lento progreso. Vámonos sincerando, el deseo larguísimamente acariciado de salir de la pobreza y la desigualdad lo fuimos disfrazando de postergaciones y de componendas; la mayoría, una interesante mayoría votó por romper esa inercia y ahora hay que apechugar y disponer de la inteligencia para aprovechar el instante y generar transformaciones que sacudan las bases de nuestra organización social sin violencia, con mayor participación, sin corrupción, con esperanza. Que no se parece a lo que pensábamos por principio, seguramente, pero si apenas estamos en la víspera del inicio. Lo que sigue no es cosa del autor, es también y, sobre todo, cosa de los personajes. Con la libertad que me da estar de este lado del papel, con la pluma en mano, veo también que nuestro descontrol nace de que, por primera vez, el poder se apagó antes de tiempo, que el gobierno en el ejercicio se retiró y dejó la plaza al nuevo que aún debe esperar para tener los plenos poderes que la Constitución le reserva y lo haya buscado o no, era una oportunidad que no podía dejar pasar; está fijando la agenda y está sentando las bases para la actuación que tendrán una vez que se haya hecho la transmisión de poderes, pacífica, legal e institucional, eso sí, como estamos acostumbrados.

Y, en efecto, claro que me dan ganas de novelar, de escribir y pensar que lo que está sucediendo es el escenario de un país que se deslizó despacio, muy despacio, hacia un progreso que se le escapaba como la identidad que le iba cambiando; en ese país ocurre una transformación y el miedo asalta a los que van a padecerlo o a disfrutarlo, según se quiera ver. Pero en mi novela los personajes no se dejan vencer por el miedo, los nuevos actores del poder están fijando su agenda, están dirigiendo la atención de opositores y de colaboradores, de modo tal que el nuevo presidente puede diseñar sus escenarios; así, por ejemplo, una debatida consulta popular, a la que nadie está acostumbrado, se lleva los 40 días previos a la toma de posesión y se descuidan otros temas, así ha logrado fijar los límites del diálogo, mientras tanto, se trabaja y se explora, se crean escenarios y se afinan instrumentos.

Llegado el día en que el poder debe transmitirse, no están todos los que son ni todos los que se creía son los que llegaron, el gabinete anunciado sufre cambios de última hora, los proyectos trascendentales se cumplen con ciertas modificaciones, pero los cambios no destruyen ni la confianza ni la credibilidad. El movimiento que ha llegado al poder se va habituando a su ejercicio y se constituye en partido, la oposición aprende el hecho de que es eso, oposición y no desposeídos del poder. Los ciudadanos se habitúan a ser consultados y los métodos de consulta se perfeccionan y los niños, sobre todo ellos, van creciendo en unos años distintos que los que vivieron sus padres; llegados a la edad adulta, no entienden los fenómenos de los desaparecidos, de la guerra del narcotráfico, de la intolerancia y se preguntan cómo es que la generación anterior se desgreñaba en discusiones como las preferencias sexuales, los formatos familiares o el hecho de que a los ciudadanos les preguntaran periódicamente su opinión.

Ésa es la novela que me gustaría escribir. Como todo novelista, creo tener fundamentos pera hacerla de esa manera, pero mi mayor justificación es mi deseo.

 

Escritor. Investigador SNI

Twitter: @cesarbc70

 

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Source: Excelsior

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