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Eros Recio baila por la diversidad

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La nota de Juan Carlos Talavera (Excélsior, 20/09/18) contiene una lección indispensable. Da cuenta del reconocimiento que el INBA entregó al bailarín Eros Recio, quien durante el homenaje ejecutó la danza Venus y Adonis, e impartió la conferencia El derecho de estar. Recio se ha convertido en uno de los más acabados ejemplos de diversidad, en tanto su genoma es diferente al de la mayoría de las personas, porque tiene un tercer cromosoma en el par G, lo que condiciona el llamado Síndrome de Down. Imposible decirlo con mayor claridad que la que ha empleado el bailarín: “Pudieron matarme, pero creyeron en mí desde antes de nacer”, refiriéndose a que su condición de Down fue diagnosticada antes de su nacimiento. Dice: “Muchas niñas pensaban que un Síndrome de Down no podría bailar nunca. Ahora bailo más que ellas”. Originario de Valencia, España, nacido en 1993, se formó en el Conservatorio de esa ciudad, y su talento para la danza lo ha convertido en un emblema de las diferencias.

Por razones acerca de las cuales sólo se puede especular, la evolución se inventó algo para la especie humana de lo que había apenas rudimentos en todas las demás especies: la identidad. Los individuos de cualquier especie animal son siempre iguales o casi iguales en cuanto a sus aptitudes y procesos adaptativos. Entre las personas, por contrario, es imposible encontrar dos con la misma identidad. La identidad condiciona la diversidad, en tanto ésta debiera resultarnos en una adaptación más plena y satisfactoria. Extrañamente, la cultura ha vivido reñida con la diversidad, pretendiendo, por el contrario, que las personas seamos lo más semejantes posible unas de otras. Las nacionalidades y religiones son dos ejemplos de esta tentativa sociocultural de sabotear identidad y diversidad. Ambas han puesto en práctica los más variados métodos para combatir lo distinto, y han conseguido generarnos un miedo que no sabemos si estuvo con nosotros desde siempre. Ese miedo, por ejemplo, parece ir de por medio en los graves problemas que la migración está trayendo al mundo. Países enteros expulsan a sus moradores, porque no reúnen los requisitos mínimos para ofrecerles seguridad. Las personas de los países a los que migran les temen y los expulsan también; no cabe sino una explicación: son diferentes. El nacionalismo, en efecto, ha sido fuente de conflictos históricos lamentables, que en más de una ocasión han concluido en genocidios.

Eros Recio y su danza nos recuerdan que tenemos deudas con aquellos que debieran disfrutar y hacernos disfrutar del privilegio de ser distintos, porque la variedad siempre va a resultar enriquecedora de la experiencia. Hoy le debemos a quienes son racialmente distintos de aquellos con los que comparten territorio, lo mismo que a los que practican credos religiosos diferentes o sencillamente no requieren de ninguno. También les debemos a quienes son sexualmente distintos en cuanto a sus afinidades. Incapaces como somos de entenderlo, les regateamos la expresión pública de los afectos, la paternidad o maternidad y la posibilidad de hacer familia. Ni qué decir de los que la ciencia médica llama autistas, o de los que tienen una condición mental diferente de la que los demás hemos considerado la única válida.

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Claro, médico soy y no pretendo pasar por alto el valor de los preceptos taxonómicos de mi oficio; a fin de cuentas los practicamos tantos todo el tiempo. Sólo insisto en que la nota encendió esa región mía, de todos, que impele a socializar, a empatizar, a amar finalmente. Qué mejor recurso para entender que la danza de Eros.

 

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Source: Excelsior

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