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A un año del sismo, casi 3 mil 500 escuelas de Chiapas y Oaxaca siguen con daños: Unicef

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“Las necesidades de atención psicosocial siguen vigentes en los niños y los servicios disponibles para atenderlos son limitados”, señaló la organización.

Al menos 3 mil 444 escuelas de Chiapas y Oaxaca que sufrieron daños tras los sismos de septiembre de 2017, continúan sin ser reparadas o reconstruidas, señaló la Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). 

“El daño que sufrió la infraestructura educativa fue grave. A la fecha, la reconstrucción de todas las escuelas no ha concluido y muchos niños aún están fuera o van de forma parcial”, señaló Pressia Arifin-Cabo, representante adjunta de la organización.

En su Informe sobre la situación humanitaria de la infancia y la adolescencia a un año de los terremotos en México, reconoció los esfuerzos que han realizado diversos sectores del país.

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México es un país expuesto a múltiples fenómenos naturales que está trabajando para aumentar su resiliencia ante las emergencias, ha incrementado su cultura de protección civil y ha avanzado mucho desde 1985, como fue evidente en 2017: menor número de muertos y lesionados y menor daño a ciertos tipos de infraestructura” destacó Christian Skoog, representante de la Unicef en México.

Sin embargo, insistió en la importancia de priorizar acciones aún pendientes para garantizar los derechos de los afectados y que ni un sólo niño, niña o adolescente permanezca fuera de la escuela.

“Ahora tenemos la oportunidad de dar dos importantes pasos: debemos asegurar la continuidad de la educación durante y después de una emergencia por medio de escuelas más seguras y un currículo más flexible, y debemos también desarrollar protocolos y mecanismos de respuesta enfocados en la niñez y la adolescencia en particular, para que su afectación sea mínima y su recuperación mucho más rápida en futuras emergencias”, puntualizó Skoog.

De acuerdo con la organización, “es necesario fortalecer los esquemas de recopilación de donativos de alimentos para que los niños, niñas y adolescentes no vean afectada su salud en casos de desastres y fomentar la práctica de la lactancia materna”.

En cuanto a protección social, apuntó, México requiere desarrollar programas y beneficios de emergencia que cubran las necesidades básicas de grupos vulnerables, “evitando así afectaciones irreparables a largo plazo”.

“La vida de la comunidad en general ha cambiado sustancialmente a causa de los terremotos. Las necesidades de atención psicosocial siguen vigentes en los niños y los servicios disponibles para atenderlos son limitados. Recuperar espacios adecuados y seguros para que niñas, niños y adolescentes puedan aprender, socializar, esparcirse, jugar y participar en actividades comunitarias es una necesidad urgente, y la reconstrucción del sector educativo en particular debe continuar siendo una prioridad para el país”, indicó.

Por otra parte, la Unicef recordó que en respuesta a los sismos de 2017, hizo un llamado inicial de donativos por 6.6 millones de dólares para poder cubrir las necesidades especiales de la infancia y adolescencia en los sectores de agua, saneamiento, higiene, educación, salud, nutrición, protección de la niñez y políticas sociales.

“El trabajo de Unicef en México es posible en una gran medida gracias a las contribuciones de individuos y empresas, y lo mismo sucedió durante esta emergencia, pero un dato interesante es que, de los más de 8 millones de dólares recaudados, el 80 por ciento provino del extranjero, demostrando la solidaridad del mundo hacia los niños y niñas de México”, dijo Skoog.

Informó que los recursos recaudados le permitieron entregar paquetes de higiene a 3 mil 579 familias, proporcionar información sobre la importancia de continuar la lactancia materna y cómo hacerlo a 2 mil 400 mujeres, asegurar que 9 mil 370 niños, niñas y adolescentes tuvieran acceso a agua segura para beber y proveer espacios temporales de aprendizaje para 20 mil 560 menores.

Asimismo, explicó que dividió el ejercicio de los recursos en dos fases: respuesta inmediata 31 por ciento y plan de recuperación 69 por ciento. 

“En relación a ambas fases, aproximadamente, el 52 por ciento de los recursos fueron destinados a que los niños retomaran lo antes posible su educación, el 22 por ciento se enfocó en aspectos de protección debido a la extrema vulnerabilidad de los niños antes situaciones de este tipo, el 22 por ciento fue destinado a agua, saneamiento e higiene, el 3 por ciento a salud y nutrición y el 1 por ciento a política social”, detalló.


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