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Historia de terror

La niña de la carretera

He sido trailero durante 6 años, y como ustedes saben estamos acostumbrados a escuchar todo tipo de leyendas y cosas que pasan en las carreteras, pero jamás viví nada en carne propia, hasta hace un par de semanas.

Me encontraba yo, camino a entregar una carga al municipio de Cholula, eran alrededor de las 2 o 3 de la madrugada, e iba yo solo, porque a última hora mi chalan no había podido hacer el viaje. No había tenido mayor problema hasta ese momento, y no realice ninguna parada hasta el kilómetro donde paso lo que le cuento.

Por fuerza había tenido que tomar el rumbo federal, ya que los patrones no habían querido darme para las casetas, y la verdad si iba un poco sugestionado, porque por esos caminos casi no tránsito y es más probable que a uno lo atraquen.

En eso voy llegando a un tramo, donde se suele atravesar la gente y los animales para llegar a su pueblito, lleno de topes cada 100 metros, y reduzco la velocidad. Al tercer tope distingo en la distancia a una persona parada a un costado de la carretera.

Avanzo con el camión y ya más cerca distingo con los faros, que se trata de una niña vestida de blanco, con los pelos todos enmarañados y enjugándose el llanto con sus faldas.

Mi reacción fue de puro instinto supongo, pues frene el vehículo y me baje de la cabina para ver a la pobre niña. Al acercarme veo que es como de unos 7 u 8 años, de piel morena y descalza; noto también que su vestido es parecido a los de primera comunión, pero está salpicado en varias partes de manchas rojas como de sangre seca,

Me acerco aún más y le pregunto

– Niña, niña, no llores, cómo te llamas, que haces en la carretera a estas horas, donde están tus papas.

La niña llorando me mueve la cabeza como respondiéndome con un no silencioso, para inmediatamente después decirme.

“Señor por favor ayude a mi mama”

Sentí que me hervía la sangre, por la sorpresa de encontrarme aquello, y por mil y un cosas terribles que ya me imaginaba respecto a esa pobre niña y a su madre.

– Niña claro que te ayudo solo dime donde está tu mama

Siguió llorando la inocente, y entonces con un gesto me señalo a un sembradío de mazorcas y echo a correr, yo la seguí ansioso por prestarle ayuda, olvidándome de pedir cualquier auxilio, o de la carga que llevaba.

Atravesamos medio maizal así en plena carrera, pero en algún momento empecé a pensar en lo extraño de aquello y mi mente se despejo de una especie de bruma que hasta entonces la envolvía.

Distinguí con más claridad la extraña luz que tenia la niña, una luz que la hacía perfectamente visible aun en medio de la noche y de aquel maizal. Y también supongo que por instinto, un temor profundo me empezó a llenar las tripas y un calambre me recorrió el cuerpo.

Me pare en seco, tratando de recomponer mis ideas y al gritar para que la infante también se detuviera me percate de un detalle escalofriante “La niña ya no tenía pies”, su vestido revoloteaba con el viento y ella seguía corriendo, pero como jalada al interior de aquel maizal por una fuerza invisible, y entonces me pareció más como una marioneta.

Supe entonces que me tenía que largar, algo en lo más profundo me advertía que si no me apuraba no regresaría vivo al camión. Corrí de regreso hasta casi desfallecer, me trepe como pude a la cabina y arranque la maquina con todos sus caballos alejándome de ese temible lugar.

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