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Habitantes del barrio de La Cruz en Querétaro, no dejan morir las posadas

Domingo ValdezEl olor a pólvora llena la pequeña calle de Doctor Lucio, en el barrio de La Cruz. Los niños queman “cebollitas”, mientras los frailes franciscanos del templo que da nombre al lugar interpretan villancicos afuera de la casa que esta noche dará posada a los peregrinos, en una tradición que, de acuerdo con los vecinos, tiene más de cuatro décadas.Es una posada donde todas las familias de la calle y el barrio participan. Al paso de la procesión con los peregrinos, la gente sale a las puertas de sus casas, encienden luces de bengala y se unen al andar de María y José. Cuando se llega al destino,el número de personas superan las 400.El sentido religioso está presente en la celebración. Los peregrinos esperan afuera del templo de La Cruz el momento de partir a su destino. Tradición. Claudia Mayela García Espinoza, es prefecta en una preparatoria y está avecindada en La Cruz de toda la vida.La mujer, quien además es catequista, apunta lo siguiente:“Tengo poco más de 40 (años) y ya estaban las posadas. Estamos hablando que es una costumbre desde los abuelitos, desde hace muchos años”.Son las 19:00 horas. El grupo de frailes, con sus hábitos color café salen del templo.Se comienza a rezar. Las luces de la fachada del templo se encienden.“Vamos a comenzar con nuestro cuarto día de posadas”, dice un párroco que, para hacerse escuchar por todos, usa el equipo de sonido de don Marco Antonio Gutiérrez Guevara, quien desde hace más de 25 años lleva el audio a las posadas que le piden.Los peregrinos avanzan por al atrio de La Cruz. Los paseantes se acercan cuando escuchan el sonido, las oraciones y ven las bengalas que queman quienes acompañan a los caminantes. Toman fotos, graban videos.Cruzan la calle de Manuel Acuña, para bajar por Reforma, hasta Doctor Lucio.Posada. Se llega a Doctor Lucio. La calle decorada con papeles de colores y faroles en algunas casas recibe a los participantes de la posada. El espacio es insuficiente para la cantidad de personas que se han sumado a la procesión. Por la angosta calle avanzan de manera lenta los peregrinos. Los vecinos se instalan afuera de sus domicilios, en sillas esperan el paso de los peregrinos, quienes piden posada en dos domicilios, esperando que una buena persona las reciba en una casa.Llegan a una casa, la de la familia Luna Castillo, quienes organizan la posada como cada tres años, explican los integrantes de esa familia. Entre hermanos y primos hicieron alrededor de mil 300 aguinaldos para repartir.La calle es una romería. Los Luna Castillo recuerdan que todos los vecinos cooperaban con algo: unos sacaban tamales, el ponche o una piñata. Eso se ha perdido un poco en los últimos años.Después de la celebración, los habitantes se quedan a platicar y preservar una tradición. leer más
Source: El Gráfico

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