Hace 16 años, Padgett había dejado la universidad, no tiene ningún tipo de interés académico y se dedicaba a pasar las horas en la tienda de su padre o en el gimnasio.

“Mi vida consistía en salir de bares en busca de chicas, beber, ir al trabajo al día siguiente de resaca… hacía eso de seis a siete noches por semana”, cuenta.

Sin embargo, todo cambió cuando en septiembre de 2002, al poco tiempo de mudarse a Washington, se peleó con dos hombres. Uno de ellos le golpeó en la cabeza y otro en la espalda: “Vi una luz blanca, como si alguien hubiera sacado una foto”, dijo.

Jason tuvo la suerte de que hubiera un hospital cercano donde llegó arrastrándose. Ahí le dijeron que tenía una conmoción cerebral, pero lo mandaron a casa después de inyectarle un analgésico.

Sin embargo, al día siguiente cuando se despertó, se dio cuenta de que algo había cambiado. Mientras veía correr el agua en el baño, “vi línea que emanaban perpendicularmente del chorro. Al principio, me sobresalté y me preocupé por mí mismo, pero fue tan hermoso que me puse de pie y me quedé mirando“.

Jason empezó a obsesionarse con todas las formas de su casa, desde los rectángulos de las ventanas hasta la curvatura de una cuchara. Padgett empezó a ver todo pixelado. Luego descubriría que se trataba de fractales.

Finalmente, decidió abandonar su trabajo para poder leer todo lo que podía sobre matemáticas y física. Con ello, llegó a desarrollar una fascinación especial por la geometría fractal y el número pi.

Estudios de su cerebro permitieron confirmar que tiene el síndrome del sabio o savant. Esto confirmaba y explicaba cómo podía “ver” las matemáticas.

Ahora Padgett considera que lo que le ha sucedido es la muestra de que “todos tenemos un poder latente dentro de nosotros” que, en su caso, ha podido salir a la luz de la manera más extraña.

INTRIPER

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